- La capital continúa siendo la misma ciudad sucia y desordenada con la gestión sandinista
Wilder Pérez [email protected]
Es diciembre. Como hace un año, la basura se desborda en las calles remendadas de Managua. A inicios de mes hubo precaristas desalojados de tierras ajenas, y los mercados una vez más estuvieron al borde del caos.
La inseguridad se mantiene intacta, la situación del transporte público inestable, las tapas de los manjoles no aparecen, las vías principales congestionadas, el comercio atiborra las aceras y los rótulos predominan sobre los árboles.
En resumen, Managua este año continuó siendo la misma ciudad sucia y desordenada de los últimos tiempos. El alcalde capitalino, Dionisio Marenco, quien asumió el cargo hace 374 días, sacó un punto a su favor: la desviación de dos de los cauces que convirtieron la Laguna de Tiscapa en una cloaca en el centro de la ciudad.
El mismo Marenco acepta que el puesto le quedó grande en su primer año de gestión, y valora estos 12 meses como “un round de estudio”.
El Alcalde no deja de culpar “al pelón”, como le llama a su antecesor Herty Lewites, porque al distanciarse de su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, no lo asesoró como esperaba.
PROTESTAN LOS BUSEROS
Así, Marenco fue un gobernador incipiente hasta marzo, cuando estalló el conflicto del transporte. Los buseros buscaban aumentar el pasaje de 2.50 córdobas a 3.16 córdobas.
Durante dos meses, los pobladores de Managua se debatieron entre pagar la tarifa establecida o la impuesta por los buseros al margen de la ley.
El Alcalde entonces se mostró a favor de la población frente a las cámaras, retando incluso a los buseros a que se fueran a huelga, pero días después estaría firmando un acuerdo no oficial con los transportistas, en donde se les permitía el aumento de la tarifa.
Esa posición fue rechazada por el Concejo Municipal, en lo que fue el primer gran revés político y administrativo para Marenco, pues a partir de ahí, el Alcalde se mostró más abiertamente a favor de los buseros, ganándose el rechazo de la población.
El caos pareció apoderarse de la ciudad cuando los estudiantes universitarios empezaron a quemar buses sobre la vía, en desacuerdo con el alza en la tarifa. Después de tres buses quemados y uno dañado, más otros tres vehículos del Estado incendiados y dos desmantelados, el problema se resolvió con 30 millones de córdobas para los próximos tres meses a favor de los buseros, diez por parte de la comuna y 20 puestos por el Gobierno Central.
UNA TRAS OTRA
Esa había sido una mala salida para Marenco tras una serie de enfrentamientos con su vicealcalde Alexis Argüello, con quien tenía conflictos administrativos por cómo, y a veces quién, debía manejar la ciudad.
A mediados de año, Marenco daba por hecho que el problema del transporte público que habían generado las alzas en los precios del combustible, al menos en Managua, sería resuelto con petróleo venezolano. Incluso lo anunció de manera semioficial junto al Embajador de Venezuela, Miguel Gómez, y el líder del Frente, Daniel Ortega Saavedra, cuyas afinidades políticas con el presidente Hugo Chávez son conocidas.
Pero el petróleo sudamericano hasta ahora no llegó, y Managua podría ser escenario de nuevos hechos de violencia a inicios del año 2006, producto de los reclamos de los buseros.
A eso se sumaron los insistentes problemas en la Corporación Municipal de Mercados de Managua (Commema), que llevaron al Alcalde a reducir a la mínima expresión su aparato administrativo. Su deseo de cerrarla no lo logró, debido a que dicha institución fue creada por ley.
Marenco reconoció que uno de los errores que cometió este año, fue no haber cambiado personal de inmediato, pero que esta vez será radical, y empezará con los gerentes de todos los mercados, para acabar con las denuncias de favoritismos a favor de altos representantes del Frente Sandinista en Commema.
EL DERROCHE MILLONARIO
El alcalde Marenco aseguró que este año no quedó una sola obra pública sin terminarse, y se mostró orgulloso de que “con tantos señalamientos de corrupción que hay, fue un logro hacer un trabajo con honradez, nadie puede decir que robé un peso ni un lápiz”.
No obstante, en agosto el concejal liberal Pedro Joaquín Chamorro reveló que el titular de la municipalidad había realizado malos manejos de los recursos de la Alcaldía, ya que 52.6 millones de córdobas destinados a obras públicas fueron a parar a gastos corrientes, a rubros supuestamente no necesarios, como aumento en salario de altos funcionarios, publicidad y propaganda, viáticos al exterior e interior del país, celebración de fiestas patronales, entre otros.
El resultado de esto fue que la Alcaldía se tuvo que “apretar el cinturón” para no terminar el año con un déficit financiero no programado.
LOS BACHES
La temporada lluviosa fue grave para la circulación en Managua. Manejar sobre sus vías esta vez fue como hacerlo sobre la superficie de la luna, debido a la cantidad de “cráteres” que se abrieron en las calles.
La situación empeoró porque la Alcaldía pareció actuar sólo cuando los medios de comunicación señalaban el problema y en las calles que se mencionaban.
El Alcalde insistió en que no valía la pena reparar las calles si las lluvias las desbarataban de inmediato, ganándose el repudio de los dueños de vehículos.
Las lluvias causaron 30 millones de córdobas en pérdidas para la Alcaldía, porque además de las calles, hizo desaparecer los manjoles, averió varios semáforos y dañó tres puentes vehiculares y algunos peatonales.
Marenco tuvo que contentarse con el éxito que tuvo el funcionamiento de la micropresa de Tiscapa, que retuvo los desechos sólidos que hubieran ido a parar a la laguna del mismo nombre. Esto contribuyó al proceso de saneamiento al que es sometido el espejo de agua.
MISIÓN IMPOSIBLE
Pasado el invierno, el año no podía terminar sin basura en las calles. Lo que significó un avance en la administración Lewites, se convirtió en la máxima pesadilla para el Alcalde, luego de tomar la decisión de despedir al ex encargado, Elmer Guillén.
Desde entonces, lidiar con la basura se hizo más difícil para Marenco. Una huelga de trabajadores en la segunda mitad del año provocó los días de mayor suciedad que se hayan visto en los últimos años.
Concluyó la huelga, pero la flota de camiones recolectores se dañó en parte. Simultáneamente, hubo un pequeño desfile de funcionarios al mando de la oficina ambiental, lo que agravó la situación.
Finalmente Modesto Rojas se quedó con la dirección de Ambiente y ejerció control sobre la recolección de basura, pero la ciudad continuó sucia. Rojas dijo que no había más desechos ni botaderos clandestinos, sino nuevos basureros en sitios más visibles.
Para Managua fue un año “clásico”. Sin mejoras públicas de impacto visual, salvo proyectos puntuales, y con todos los problemas endémicos presentes.
El Alcalde asegura que en el 2006 su trabajo podrá ser mejor evaluado porque en este 2005 “me costó bastante entender el asunto, ahora ya tengo las riendas en las manos”.
Así, el mayor desafío que Marenco tendrá el año que viene, será hacer de Managua una ciudad limpia, y la meta será el paso a desnivel de la rotonda Centroamérica.