Roman, Times, serif»>
Las izquierdas en el poder
Después del contundente triunfo electoral del líder indigenista-izquierdista de Bolivia, Evo Morales y su partido Movimiento al Socialismo, nadie puede negar el avance de las izquierdas en Latinoamérica. Decimos izquierdas, en plural, pues por la diversidad de sus matices y contenidos no es posible hablar de la izquierda como si fuera una corriente única y mucho menos monolítica.
Cinco países latinoamericanos tienen actualmente gobiernos de izquierda: Argentina, Brasil, Cuba, Chile y Venezuela; y uno más, Bolivia, lo tendrá a partir del próximo mes de enero. Además, según analistas latinoamericanos, a estos seis países pronto se les podrían unir Perú, Ecuador y México, sin descartar la posibilidad de que Nicaragua vuelva a ser gobernada por la izquierda, aunque aquí esto parece menos probable porque el gobierno revolucionario sandinista fue nefasto para la mayoría de los nicaragüenses y por lo tanto es muy difícil que estos voten por un nuevo gobierno de Daniel Ortega y el FSLN.
Como sea, el caso es que muy pronto podría elevarse a diez el número de países de Latinoamérica gobernados por la izquierda, o sea la mayoría de las 19 naciones latinoamericanas.
Las explicaciones que dan los analistas a este viraje latinoamericano hacia la izquierda son diversas: pobreza extrema, corrupción descarada de la clase política tradicional, grandes déficit sociales, sobre todo en salud y educación, pésima distribución de la riqueza, explotación social desmedida, excesiva codicia y egoísmo empresarial, debilidad institucional, escasa cultura democrática, etc.
Sin duda que todo eso es cierto. Sin embargo en los análisis que se hacen sobre el viraje hacia la izquierda en Latinoamérica, se omite un factor que a nuestro juicio tiene gran significación e importancia. Se trata de que la subida de las izquierdas al poder político se está realizando por la vía electoral, por medios democráticos y cívicos, lo cual viene a confirmar que la democracia es el mejor sistema político posible, porque se basa en la libre manifestación de la voluntad popular así como en el acatamiento a la decisión de las mayorías, asegurando el respeto a los derechos de las minorías.
Los comunistas en particular y los izquierdistas en general siempre justificaron el uso de la violencia armada, del terrorismo y el crimen político, porque —según ellos— “la burguesía y el imperialismo” no les permitían llegar pacíficamente al gobierno. Y además, sostenían que para poder gobernar y cumplir sus objetivos socialistas, de manera obligatoria tenían que abolir los derechos políticos y las libertades individuales a las que despectivamente llamaban “burguesas”. Así lo hicieron en Cuba y en Nicaragua y ahora lo están intentando hacer en Venezuela.
Pero haciendo a un lado el caso de Cuba donde los comunistas tomaron el poder por medio de la violencia e impusieron un régimen totalitario estalinista, en todos los demás países latinoamericanos donde hay gobiernos de las izquierdas, nadie les negó el derecho a gobernar de conformidad con la voluntad mayoritaria de sus pueblos, que fue debidamente expresada en las urnas electorales.
En otras ocasiones hemos dicho y ahora debemos reiterarlo, que uno de los pilares principales de la democracia es la alternancia en el ejercicio del poder político. Y señalamos que hasta sería mejor para el sistema democrático, si la rotación política en el ejercicio del gobierno no fuese sólo entre partidos del mismo signo ideológico, sino también entre los que tienen diversas ideologías. Dicho con otras palabras, que la democracia se fortalecería todavía más con la alternancia en el poder de gobiernos de derecha, izquierda y centro, siempre y cuando todos ellos respeten los derechos y las libertades individuales de las personas, incluyendo el derecho de propiedad privada y la libertad económica.
De manera que si las izquierdas no suprimen los derechos humanos de todas las personas y dejan vigentes sólo los de sus partidarios, si respetan las libertades individuales y las garantías institucionales y sociales en que se funda la democracia —como las han respetado en Chile y Brasil, para mencionar los dos casos más conocidos—, entonces nadie tiene por qué objetar que haya gobiernos de izquierda.
Lo malo y por lo tanto inaceptable es que las izquierdas supriman las libertades y los derechos de las personas, como hicieron en Cuba y en Nicaragua y están haciendo en Venezuela. En este caso los gobiernos izquierdistas tendrán que enfrentar la resistencia de quienes aman la libertad y para defenderla han pagado y seguirán pagando el precio que sea.