24 de diciembre: presencia del Cielo en la Tierra

Ana María Ch. de Holmann

En tiempos lejanos —800 años antes de la venida del Mesías— el profeta Isaías anunciaba el Reino de un vástago del tronco de las raíces de la estirpe de David, por medio de Jesé.

Hace más de dos mil años se necesitó sólo un Ángel para dar la Buena Nueva… y desde esa noche el gozo y el asombro cunden en todo el mundo por doquier. Los cantos invaden en todo lugar abriendo los corazones al más grande gozo que es el amor celestial; y los ángeles ya vienen a celebrar ¡Sí! Vuelan los ángeles en el lugar, en medio de todos y en ese altar ¡que es el mismo Dios que está aquí!

Estos mensajes de la venida del Dios-Hombre al mundo se han venido repitiendo en muchas ocasiones y en muchas épocas de esta era cristiana y a través de variadas revelaciones, apariciones, manifestaciones, mensajes a santos, beatas, religiosos, niños, devotos y devotas o simplemente amas de casa. Una de las más recientes apariciones de nuestro Señor Jesucristo y su Madre Santísima es la que se ha venido dando desde hace 20 años en Cleveland, Ohio, Estados Unidos, como “Los corazones unidos de Jesús y María”. Ella, la Santísima Virgen, se ha nombrado María del Refugio del Amor Santo, quien ha venido dando mensajes a una simple ama de casa, abuela y esposa de un policía retirado. Su nombre es Maureen Sweeney-Kyle, quien ha recibido muchas orientaciones a seguir y divulgar, dirigidas a los laicos y sobre todo a los sacerdotes. Su mayor preocupación es el aborto y la buena conducción de la Iglesia por sus pastores.

Ella, la Madre de Dios, ha revelado sus gozos y dolores experimentados por Ella en cada pasaje de los misterios del Santo Rosario con un lenguaje muy humano, al mismo tiempo que inspirado por el Amor Santo.

Describe la Natividad dictándola a Maureen, en el año 1986, con este sencillo lenguaje: “Es imposible describir con palabras terrenales el gozo y el asombro de esa noche. Todas las cosas que llevaron a este gozoso acontecimiento causaron angustia. El viaje tan largo y penoso, la separación de nuestras familias y la falta de una morada apropiada a nuestra llegada a Belén. Sin embargo, cuando mis ojos contemplaron el semblante de mi pequeño Hijo, recién llegado del Cielo, no recordé ninguna de las pruebas. Él era toda santidad. En su presencia, nuestro pobre entorno se perdía de la vista. Sentí la presencia del Cielo en la Tierra. Él pudo haber elegido venir al mundo en el palacio de un rey, compartiendo todas las comodidades del mundo. Pero ésta no fue su elección, porque Él no es de este mundo. Su Reino está con su Padre en el Cielo. Al crecer, Él nunca eligió el mundo o sus placeres, sino que mantuvo sus ojos siempre en el Reino de su Padre.

“Por lo tanto, Yo les pido a todos lo que recen este misterio de mi Rosario, que oren por este mismo espíritu de desapego. Esta gracia es en verdad vital para la salvación. Los que adoran las cosas de este pobre mundo, no pueden decir verdaderamente que mi Hijo es lo primero en sus vidas. En Su omnipotencia, Él conoce los corazones de todos los hombres y no recibirá en su Reino a quienes lo coloquen en último lugar en sus corazones. ¡Alabado sea Jesús!”

Niño Jesús: te pedimos hoy que abras nuestros hogares a la devoción de tu infancia, a la aceptación de la palabra de Dios, al testimonio de vida cristiana, al compromiso para construir una sociedad justa. Danos a todos, ricos y pobres, el pan de cada día, una casa digna para llevar vida verdaderamente humana. Que nuestras familias sean “hogares” de encuentro cariñoso, comprensivo, tolerante, humildes como vos, unidos como tu familia de Nazareth, respetuoso a tus leyes para que haya paz entre nosotros en Nicaragua y en el mundo entero. Amén.

La autora es miembro de la Asociación de Sor María Romero.

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