Carta de Jesús para ti

Élida Zelaya Duque-Estrada

Querido(a)… Como ya sabes, pronto será mi cumpleaños. Siempre en este tiempo hay muchas personas que compran regalos y muchos anuncios en la radio y la televisión y en todas partes del mundo se habla de que pronto será mi cumpleaños.

Me agrada saber que al menos una vez al año la gente se acuerda de mí. Hace ya mucho tiempo que se celebra mi cumpleaños y al comienzo todos parecían comprender y agradecer lo que yo he hecho por ustedes. Sin embargo, últimamente pareciera que se ha perdido la razón de la celebración. Las familias y los amigos se juntan y la pasan muy bien pero no creo que sepan lo que están celebrando.

En muchas celebraciones veo suculentos platos de comida, pastelerías, frutas, nueces y chocolates, exquisitas decoraciones y regalos envueltos con mucho arte y belleza pero a mí no se me invita. Es más, en algunos lugares, hasta se promueve el olvido de mi nacimiento y se está buscando que no se use decir: “Feliz Navidad” sino “Felices Fiestas”.

Esto no me extraña porque desde hace muchos años los 24 de diciembre se han cerrado las puertas para mí. Pero aunque no me invitan, he decidido entrar sin que nadie me note y sentado en una esquina observo lo que pasa. Muchas veces las personas toman licor, algunos se pasan de copas, cuentan chistes y todos se ríen. La pasan en grande. Además hay un señor muy gordo vestido de rojo con una gran barba blanca que a todo pulmón grita: “¡Jo, jo, jo!” y los niños, en gran algarabía, corren detrás llamándolo “Santa Claus, Santa Claus”. Parecen creer que la fiesta es para él.

A la medianoche la gente se comienza a abrazar y a darse regalos. Los abren uno por uno pero a mí ni me abrazan ni me regalan nada. Todos los años esto se pone peor. Parece que a la gente solamente les atrae comprar regalos, preparar comidas, y en el propio día de mi cumpleaños sólo comen y beben y se regalan pero nadie se acuerda que el cumpleaños que celebran es el mío.

Quisiera que en esta Navidad me permitieras entrar en tu vida. Me gustaría que reconocieras que hace un poco más de dos mil años vine a este mundo como niño y luego morí en la cruz para salvarte para que tú fueras feliz gozando desde ahora de la vida eterna. Sólo te pido que creas esto en tu corazón y me convides a tu fiesta.

Quiero compartir algo contigo. Como muchos no me han invitado a sus celebraciones, yo voy a tener mi propia celebración. Será una fiesta grandiosa, mejor que cualquiera que te puedas imaginar. Estoy aún planeando los últimos detalles. Hoy estoy mandando muchas invitaciones y hay una para ti. Quiero saber si quieres asistir y haré una reservación para ti. Escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de huéspedes. Sólo los que están en esta lista serán invitados a mi fiesta. Los que no contestan a la invitación, quedarán fuera.

Debes prepararte para que cuando todo esté listo, puedas participar tú de mi gran fiesta.

Hasta pronto. Te quiero mucho… Jesús.

La autora es psicóloga

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí