Mario Alfaro Alvarado
¿Creerán los candidatos que el Consejo Supremo Electoral respetará las recomendaciones de la OEA y, sujetado a ellas, ofrecerá al pueblo nicaragüense unas elecciones limpias y honestas en el 2006?
La apariencia que dan estos alegres candidatos, es que confían mucho en la influencia internacional para competir en unos comicios imparciales. Si es por lo que el propio CSE asegura del futuro proceso electoral, es pertinente advertir que todo el tiempo, en cada elección, ha dicho y prometido las mismas cosas ¿y qué ha sucedido? Pues ha sucedido de todo… según las instrucciones recibidas por los patrones del pacto.
Así las cosas, viendo a los candidatos como que confiaran en algún amarre de última hora, disputan entre sí en lugar de unirse para demandar con firmeza cambios en la Ley Electoral y en el Consejo Supremo Electoral, para garantizar unas elecciones libres y transparentes y que el pueblo escoja al mejor o al que le parezca el mejor.
Se confirma cada vez más que la solución de este serio problema nacional —solventar la situación política, económica y social del país— no puede encomendarse a candidatos de mentes acondicionadas por las prácticas viciosas del somocismo o del sandinismo.
El siguiente esquema es un recurso para exponer en forma sencilla y sucinta lo que aquí —tal como camina el proceso político— puede ocurrir en el 2006.
1. Herty Lewites y Eduardo Montealegre serán inhibidos con cualquier pretexto. En la contienda electoral solamente quedarán como candidatos Daniel Ortega y un liberal escogido por Arnoldo Alemán. a) en tal caso se obligará a la gente —como ya ha sucedido— a votar por un candidato sandinista o por un candidato liberal escogido al tenor de la afirmación del diputado Navarro: “con Bolaños de candidato nos equivocamos, la próxima vez no nos equivocaremos”; b) a la vista de esa candidatura se producirá una masiva abstención popular; c) como Ortega es rechazado por Estados Unidos, tendrá que negociar con Alemán dentro del pacto. Ortega aceptará un presidente arnoldista a cambio de una holgada mayoría en el parlamento. De esta manera, Ortega tendrá el poder real y el presidente liberal será un títere en sus manos.
2. Para evitar que eso suceda, es necesario organizar una movilización total del país y demandar garantías reales para unas elecciones libres y honestas. Las demandas deben ser: a) reformar la Ley Electoral; b) reducir la Asamblea Nacional a la mitad; c) las elecciones de diputados deben ser uninominales; d) deben elegirse los diputados en cada departamento. tal como son las elecciones de alcaldes, en cada municipio; e) suprimir los suplentes y el regalo de curules a los candidatos perdedores. En cuanto al Consejo Supremo Electoral: a) no habrá inhibiciones; b) el CSE presentará en tiempo un Padrón Electoral depurado y completo; c) vigilancia efectiva y total del proceso electoral por observadores nacionales y extranjeros.
3. En caso de fraude o intento de fraude, los electores deben tomar las urnas electorales, destruir las papeletas y exigir una fecha cercana para nuevas elecciones. Desde ese momento el pueblo será garante de que esas nuevas elecciones serán limpias y transparentes.
Las elecciones de la Costa Atlántica en marzo y las generales en noviembre del 2006, ofrecen una valiosa oportunidad a las organizaciones jóvenes, no contaminadas por la política corrupta, para organizarse bien bajo principios claros que motiven a toda la población y la inviten a sumarse a un esfuerzo de transformación política, pacífica e inaplazable. ¿Quién quiere volver a las “piñatas”, a las “guacas” y a las “quiebras de bancos”? ¿Quién quiere correr el riesgo de perder todo lo que se ha avanzado en estos cinco años de gobierno, en lucha desigual entre la honestidad y la corrupción? A los jóvenes de Nicaragua corresponde comenzar en esta lucha electoral a forjarse el futuro político, económico y social en que quieren vivir sus vidas y heredar ese futuro a sus descendientes.
El autor es periodista