Navidad en los hospitales públicos

Alejandro J. Ayón L.

Desde que era estudiante de Medicina en los años ochenta en San José, Costa Rica, sentía y sigo sintiendo una gran nostalgia por la Nochebuena en los hospitales, especialmente en los públicos. Por mi especialidad me tocó vivir muchas de esas noches en el Hospital Nacional de Niños: Doctor Carlos Sáenz Herrera, no por eso olvidé las pocas noches buenas en los hospitales de adultos.

Aun en los hospitales las caras cambian, hay un ambiente de esperanza, ilusión, dado por la venida del Niño Jesús. El ser humano sin quererlo especialmente, busca en el nacimiento del Rey de Reyes los motivos de su existencia y encuentra en Él su vida misma. Esos momentos se prestan para que grupos de la sociedad civil realicen fiestas, entreguen regalos y lleven entretenimiento a todos que por una u otra razón sufren de alguna enfermedad.

A las 12:00 de la medianoche, cuando las actividades rutinarias que producen las emergencias que ingresan ese día lo permiten, alguien llevará algo especial de comer y compartir con sus compañeros de trabajo, ocasionalmente al terminar uno y ver el reloj se da cuenta que ya pasaron las 12:00, en el silencio uno medita y le da gracias a Dios por todo.

A pesar de ese ambiente de esperanza, también hay sufrimientos, tristezas y pérdidas; en el caso del personal de enfermería que labora en nuestros hospitales públicos, encuentran en esta época un tiempo de paz y amor donde olvidar un poco todos sus problemas y sufrimientos, muchos de ellos basados en el miserable salario que reciben, el cual no permite ni siquiera comprar la canasta básica.

Es a ellas y ellos que hoy quiero dedicarles estos pensamientos, deseando que esta época llena de esperanza y de amor, les traiga bendiciones a sus hogares y que encuentre en la venida del Niño Dios el camino hacia la verdadera felicidad.

Que también recuerden que el sentido de la vida está en el amor. Sólo quien sabe amar hasta olvidarse de sí mismo para darse al hermano realiza plenamente la propia vida y expresa en el grado máximo el valor de la propia existencia terrena.

Qué mejor ejemplo de amor y entrega que aquella mujer de blanco que en la Nochebuena de un hospital consuela a la madre que perdió a su hijo, mientras otro hijo extraña en el hogar su presencia. A tod@s ell@s felicidades.

El autor es médico, jefe de Pediatría del Hospital Metropolitano

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