Jorge Salazar Cardenal—
El pasado 17 de noviembre del 2005, mi padre Jorge Salazar Argüello cumplió 25 años de haber sido asesinado. Mencionar la muerte de mi padre es mencionar a lo que hoy le llaman “la línea dura del sandinismo”.
En 1980 ser opositor a esta “línea dura” significaba simplemente el exilio o la muerte. Es realmente imposible aceptar, como hijo y peor aún, explicar como padre, que aquellos que asesinaron a un hombre indefenso, a un hombre de paz, continúen gozando de las libertades de cualquier ciudadano honesto.
Resulta igualmente ridículo, absurdo e impensable que esos mismos asesinos que escogieron el día y la hora en que Jorge Salazar Argüello, y muchos más tenían que ser ajusticiados, continúen 25 años después insultando y engañando al pueblo de Nicaragua.
Pero el tiempo todo lo cura, en el verdadero sentido de la palabra, hablar de justicia sobre este crimen o de muchos más que pesan sobre los hombros de esta “línea dura” no es cosa del pasado.
Mi padre siempre solía decirme: “Hijo si te esfuerzas serás dueño de tu propio destino y siempre, siempre cosecharás lo que sembraste en el camino”.
El esfuerzo de hombres y mujeres honestos que dieron o dan de corazón su tiempo a esta nación, está forjando el destino de nuestra Nicaragua.
De igual manera, en la actualidad, el destino se está haciendo cargo que “la línea dura del sandinismo” coseche lo que han venido sembrando.
Hoy están cosechando la separación y el repudio del resto de los sandinistas que lucharon de corazón por ver a esta Patria libre. Sandinistas que en el año 1979 vieron morir a sus seres queridos para después ser engañados y traicionados. Mi padre siempre lo supo y por eso se opuso.
En la actualidad, este justo destino, con el esfuerzo de todos, se está haciendo cargo de cerrar esa enorme brecha que separa a los sandinistas de los no sandinistas, de afianzar la democracia y fortalecer la economía.
No existe mayor castigo y mejor justicia que la memoria del pueblo nicaragüense. Esa memoria que 25 años después, tiene muy claro que si le damos la oportunidad a “la línea dura” de llegar a gobernar, sin lugar a dudas, estos mismos individuos con el poder de las armas, nos darán las mismas opciones que le dieron a mi padre en su última reunión de cafetaleros en Matagalpa: O te vas a Miami. O te sometés. O te vas a las montañas a tomar el fusil. O te matamos.
Mi padre, con el respaldo de la empresa privada se opuso y “la línea dura del sandinismo” le recetó la última opción.
Mi padre fue cobardemente acribillado a balazos en El Crucero, a los 41 años de edad, un lunes 17 de noviembre de 1980. La única arma que poseía era su coraje.
El autor es hijo de Jorge Salazar Argüello