Douglas Carcache
El Instituto de Turismo (Intur) ha mostrado con frecuencia cómo crece la llegada de turistas a Nicaragua y cuánto representa esto en ingresos para el país, pero creo que hace falta indagar sobre el empleo que está generando el turismo.
Es evidente, según las estadísticas, que Nicaragua está creciendo como destino turístico, a pesar de que todavía carece de infraestructura en algunas áreas con mucho potencial natural.
Este año, entre enero y octubre, la afluencia de turistas a esta nación centroamericana creció en 10 por ciento, porque llegaron más de 567 mil visitantes que dejaron al país más de 147 millones de dólares.
Esos son los efectos a nivel macroeconómico y me gustaría que el Intur también nos mostrara lo que pasa a nivel micro, el incremento de las empresas, de todo tamaño, y los empleos que ha venido generando la actividad turística, de forma directa o indirecta.
Costa Rica, que ha sido el principal receptor de turismo en Centroamérica, tiene a la tercera parte de su población en edad de trabajar inmersa en las actividades turísticas, según datos oficiales. Al menos 360 mil familias costarricenses reciben ingresos provenientes del negocio turístico.
En Nicaragua el impacto laboral del turismo ya debe ser importante, sobre todo en ciudades como Granada y León. Me contaron que un grupo de centroamericanos que estuvo en Granada durante las últimas dos semanas, se dedicó en sus ratos libres a hacer compras y visitó Masaya el fin de semana; y lo que me pareció curioso, según oí, es que los costarricenses fueron los que más compras hicieron y decían que la ropa aquí les parecía más barata que en su país.
Como haya sido, hubo allí un efecto en el comercio que es beneficioso para empresarios y empleados, aunque a veces los esfuerzos de un lado se debilitan por las fallas del otro. El mes pasado se realizó en Granada un encuentro de periodistas nicaragüenses y costarricenses, y el comentario que más se oía en los pasillos del hotel era la falta de agua potable en la ciudad.
Los empleados de los hoteles Alhambra y Colonial andaban desesperados buscando agua embotellada por toda la ciudad, para calmar los reclamos de los huéspedes. ¿Cómo es posible que falte el agua en Granada, si tiene un lago tan grande a la orilla?, preguntaba un turista con insistencia, y nadie se atrevía a responderle con la verdad.
En realidad es un lago enorme, con más de ocho mil kilómetros de superficie que, según especialistas, será la principal reserva de agua dulce de Centroamérica en un futuro cercano, pero padece una contaminación creciente y las corrientes de su cuenca le llevan sedimentos que han reducido su profundidad en algunas zonas.
Así como el turismo provoca efectos positivos, en la medida que crece el número de visitantes al país, también exige más compromisos de las autoridades y los ciudadanos, porque muy poco sirve un buen hotel en una ciudad sin agua, una reserva natural sin una vía de acceso en buenas condiciones, o un lago lleno de basura.
Mientras, la campaña que ha hecho Intur en el exterior sigue dejando frutos, como los 180 millones de dólares que espera completar Nicaragua al cerrar diciembre, producto de unos 700 mil visitantes que habrá recibido este año.