El miedito y la simbiosis

Eduardo Enríquez

En pocos días vamos a entrar al año electoral, y con los aires navideños está llegando un “miedito” característico de las elecciones presidenciales que venimos celebrando desde hace 15 años.

El miedito empieza a desarrollarse en la víctima cuando se hace la pregunta de ¿quién será el próximo Presidente?

Al inicio debe ser un proceso muy íntimo, puede suceder en cualquier lugar, mientras la víctima se está bañando, o mientras lee el periódico o tal vez mientras duerme y despierta sobresaltado, sudando helado. Y no es para menos.

La respuesta a esa pregunta siempre lleva la posibilidad de que el próximo Presidente de Nicaragua sea Daniel Ortega, del Frente Sandinista. Para muchos, en realidad para la mayoría de los nicaragüenses, esa posibilidad representa, por lo menos la debacle económica, y para otros puede significar una réplica de lo que está ocurriendo en Venezuela, pero sin petróleo. Ambas posibilidades son suficientes para despertar sobresaltado a medianoche.

Entonces el temeroso llega a una conclusión que “parece” la solución y empieza a divulgarla: hay que unir “el voto democrático” y votar detrás “del único” que puede derrotar a Ortega. Y, aunque en muchos casos sin atreverse a decirlo claramente, el temeroso deja entrever que a pesar de todo, lo “seguro” es votar por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC).

Digo que “parece” la solución, porque desde 1999 el PLC ha sido la principal fuente de oxígeno del FSLN, hasta finalizar en este año en el que prácticamente los diputados liberales, bajo órdenes de su líder Arnoldo Alemán, le otorgaron a Ortega y su partido lo que los votantes le han negado en tres elecciones consecutivas.

Cuando uno señala esto, el temeroso replica: “es preferible eso, a que Ortega gane”, y agrega con resignación: “por esta vez tenemos que votar así”.

El problema es que ese “por esta vez” se ha repetido dos veces, y se va a seguir repitiendo mientras no se pierda ese miedo y el nicaragüense vote por quien quiere, no por miedo.

Se va a seguir repitiendo porque tanto Ortega como Alemán saben que es ese miedo el que les garantiza la sobrevivencia, porque el uno necesita al otro para vivir. Es una simbiosis perfecta.

La prueba de que ellos saben que esa es ya su forma de vida, es que han decidido trasladar a la Asamblea Nacional el poder real del Estado. No para “democratizar” el poder, sino para que ambos se garanticen la respectiva cuota de poder.

Vencer ese miedito no va a ser fácil. Gente con cuatro dedos de frente y que conoce perfectamente los desmanes del PLC, está cediendo ya ante el temor.

Sin embargo, la situación actual podría no repetirse en mucho tiempo. Es la primera vez en los últimos 15 años que está amenazado el control que Ortega y el Frente Sandinista tienen sobre el voto de la izquierda criolla. De igual manera, es primera vez que el voto de la derecha tiene una verdadera alternativa. Quién sabe cuándo esto se repite.

Si dejamos que nos venza el miedito, estaremos condenados a estar bajo las botas de los caudillos por mucho tiempo.

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