Hugo Vélez Astacio
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Con el poder de la palabra
Hugo Vélez Astacio
En recién acto con ambiente familiar LA PRENSA una vez más agradeció y reconoció el valioso aporte que brindan los intelectuales y críticos colaboradores que escribimos artículos de opinión en este medio, con la libertad de expresión que caracteriza a la República de Papel que forjó P. J. Ch. ¿Pero, qué significado y qué trascendencia tienen nuestras opiniones?
En primera instancia la opinión está basada en la total independencia de criterio, lejos de responder a orientaciones inducidas mucho menos a mandatos doctrinarios o políticos partidarios.
La libertad de expresión garantiza lo anterior. Nuestras opiniones se han caracterizado por el valor y la fuerza que conlleva la sinceridad y la honestidad, muy a pesar del riesgo que las misma conlleva. “Ser sincero es ser potente”. Y que lejos que las mismas, sean inútiles a nuestros lectores, es objetivo llamar la atención con el fin de que ellos reflexionen sobre el tema abordado, para permitir por consecuencia conducirnos por el buen sendero y la búsqueda de la verdad, principalmente a todos aquellos funcionarios y personajes que tienen responsabilidades sociales y políticas de orden público en nuestra sociedad.
En nuestra Nicaragua, que por causa histórica de una dominante clase política mezquina, tenemos rato de convivir en el subdesarrollo y la miseria, se suma o adiciona hoy en día la vergonzante falta de ética y de moral, por lo que la opinión con dignidad que combata esos desaciertos y actitudes abominables, es de necesaria e importancia vital. De este género de opinión, fue precursor nuestro valiente Pedro Joaquín Chamorro. Al emitir la opinión, nos rige el convencimiento que nos asiste la razón, y que lógicamente quien no opine como nosotros, posibilita permitir una discusión que enriquezca y amplíe el análisis, pero, sin que ello deje, que tengamos la razón, hasta tanto no crea o me convenza de lo contrario.
Asunto muy difícil, diría Vicente Fatore, porque se supone que estamos revestidos de un amplio sentido de responsabilidad y de conocimiento previo a emitir dicha opinión o juicio de valor según los casos emprendidos en el escrito. Sobre lo anterior, desde Descartes, es un asunto definido. Opinar es tener razón. Pero no una simple e irresponsable opinión. No por un inculto, no por un hombre sin pensamiento. Se afirmó en dicho acto ofrecido por LA PRENSA que los ahí reunidos representábamos a la gente inteligente de nuestro país. Y eso no deja de ser cierto, ya que quien opina y mantiene una posición intelectual o científica sea en el campo social o político, el tener razón en algo es ser inteligente.
Las razones se invocan para demostrar la propia inteligencia. Cabe aquí decir que al emitir nuestro criterio, nos esforzamos para que el escrito sea lo mejor gramaticalmente realizado, redactado con sencillez y claridad con el fin que el mensaje o las observaciones indicadas sean coadyuvantes para pretender que nuestros lectores compartan nuestros juicios o criterios y se adhieran identificándose con nuestros pareceres. Nuestra opinión pretende desde luego persuadir, lograr que se reflexione, estimule los comportamientos y oriente las actitudes hacia valores de conducta con ética y moral, que permita lograr desarrollo humano. Creo en el poder de la palabra, como creo en la razón y verdad de nuestra opinión. Esa es nuestra razón de opinar.
El autor es administrador de empresas y colaborador de las páginas de Opinión de LA PRENSA.