Strenia

Luis Sánchez Sancho

Strenia era —en la mitología romana— la diosa que presidía la costumbre de hacer, el primer día del año, regalos que eran llamados strenas o albricias.

Ese día se celebraban las Strenalias (fiestas en honor de Strenia), durante las cuales la gente llevaba ofrendas —regalos— a la diosa y hacían sacrificios en su templo ubicado a orillas de un bosque sagrado, en las cercanías de Roma.

Según la leyenda, la costumbre de intercambiar regalos entre parientes, amistades, compañeros de trabajo e inclusive gente desconocida, como símbolo de buenos deseos, gratitud, simpatías y generosidad, se originó en los tiempos de la misma fundación de Roma. En alguna ocasión, el rey romano habría recibido de sus súbditos un obsequio simbólico consistente en ramas olorosas cortadas de árboles del cercano bosque consagrado a la diosa Strenia, la que presidía el comienzo del año y determinaba si éste sería venturoso o desdichado para cada persona y familia.

En agradecimiento por aquel obsequio de buen augurio, el rey de Roma ordenó que el gesto de regalar durante la fiesta de Strenalia se convirtiese en costumbre de la ciudad, y lo denominó strena, palabra que andando el tiempo se convirtió en aguinaldo.

De manera que del nombre de la diosa Strenia se derivaron las palabras estrena (“Dádiva, alhaja o presente que se da en señal y demostración de gusto, felicidad o beneficio recibido”), y estrenar, que significa “hacer uso por primera vez de una cosa” y “regalar, galardonar, dar estrenas”, según las definiciones del diccionario de la RAE, versión impresa de 1992.

Al principio la estrena o regalo era más bien simbólico, y consistía en las ramitas fragantes cortadas en los árboles del bosque sagrado de Strenia. Después se empezó a regalar miel envasada en tarritos y otros recipientes pequeños, lo mismo que monedas de bronce, frutas secas y vino. Sin embargo, a pesar de que las estrenas o regalos adquirieron un valor material siempre conservaron su simbología mágica o religiosa, pues los obsequios se hacían en nombre de la diosa Strenia, con el propósito de augurar un nuevo ciclo o año lleno de bendiciones, logros, abundancia y felicidad.

Se cuenta que algunos líderes romanos, como el primero de los césares, Octavio Augusto y después los que lo sucedieron en el poder, le regalaban monedas de dinero al pueblo durante las fiestas de Strenia o año nuevo. Esta costumbre también la practicó el gran general romano Escipión, llamado “el africano” por sus heroicas campañas y victorias militares contra Cartago, la legendaria ciudad que hizo historia en la antigüedad y todavía existe, en el país norteafricano conocido como Túnez.

Cabe señalar que la costumbre pagana de hacer regalos y dar estrenas o aguinaldos en honor de Strenia se siguió practicando a principios de la era cristiana, hasta que, cuando la Iglesia se convirtió en oficial del imperio romano, los obispos, después de fracasar en todos los intentos que hicieron por erradicarla junto con todas las demás expresiones de cultura pagana, aceptaron que se mantuviera la costumbre de intercambiar regalos pero ordenaron que se hicieran una semana antes, con motivo de la Navidad o sea la celebración del nacimiento de Jesucristo.

Y así se conserva hasta hoy esa bonita costumbre de regalar y recibir obsequios, acerca de la cual el gran Lope de Vega, contemporáneo y rival de Miguel de Cervantes, escribiera que: “En los amigos, los presentes son amor, en los amantes cuidado, en los pretendientes cohecho, en los obligados agradecimiento, en los señores favor y en los criados servicio”.

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