En letra pequeña

Fabián Medina

ARDUO TRABAJO

La incapacidad que cargan la mayoría de diputados quedó demostrada otra vez con la pifia de los indultos. “Nos podemos haber equivocado”, reconoce Donald Lacayo, presidente de la comisión parlamentaria que presentó la lista de indultados, donde se colaron asesinos atroces y otros reos que no podían recibir el beneficio del indulto porque no llenaban los requisitos para ello. No se equivocaron, diputado Lacayo. Simplemente fue que no leyeron los expedientes de los propuestos, no hicieron las entrevistas a candidatos y víctimas, sino que hicieron lo que están acostumbrados a hacer: apretar botones según la señal del partido. Eso es, según parece, lo único que entienden por trabajo parlamentario.

ABOGADO DEL DIABLO

Que raro. El padre Amado Peña pide al juez que le otorgue casa por cárcel a Alex Centeno Roque, un reo que por gozar del poder que le da su dinero y sus padrinos ha pasado la mayor parte de su condena en su casa. Raro, porque, aunque queramos creer que la petición del padre Peña está inspirada en sentimientos cristianos, resulta sospechosa dadas las deudas, de dinero y de afecto, que tiene la Iglesia Católica con los hermanos Centeno Roque. Lo peor del asunto es que, por el sólo hecho de meterse en una petición por lo menos “sospechosa”, el padre Amado Peña termina desvirtuando las peticiones sinceras que pudiera hacer por otros reos que sí necesitan de sus buenos oficios.

CHIVO EXPIATORIO

Es probable que el juez Benjamín Arriaza haya introducido el pecado original en la sentencia que permitió que un grupo de bandidos sacara 609 mil dólares de las cuentas de la Corte Suprema de Justicia, pero echarles los perros sólo a él sería una salida muy cómoda para la Fiscalía. Si Arriaza fue el culpable de todo, ¿cómo vamos a explicarnos la diligencia con que la sentencia fue redactada, el libro sacado de la Corte y notariado, y el cheque firmado y cambiado? No nos hagamos los suecos, ahí hay una mafia integrada por magistrados, jueces y abogados, que se coludieron para robarle al Estado.

QUEMADOS

El año pasado 12 niños ingresaron al Hospital Vélez Paiz quemados por pólvora. Sin duda fueron muchos más los que llegaron al resto de hospitales, y todavía más los que nunca se reportaron porque fueron atendidos con remedios caseros. Ese mismo año, el 25 de abril, un fanático del futbol perdió sus manos y un ojo cuando la pólvora con que festejaba le estalló accidentalmente. Ahora bien, por qué bajo la excusa de la tradición, la alegría o la defensa de algunos puestos de trabajo, se sigue permitiendo la venta y uso indiscriminado de esta sustancia que causa tanto destrozos. Tan indiscriminado es su uso que las principales víctimas suelen ser niños principalmente. Y ante el cuerpo quemado de un niño no hay justificación que valga.

DAÑOS AUDITIVOS

Pero la pólvora no sólo es nociva por los quemados que deja. Todos, aunque no lleguemos a los hospitales, sufrimos sus consecuencias. El oído humano ya sufre algún tipo de daño cuando es sometido a sonidos mayores de 85 decibeles. Un mortero puede alcanzar los 140 decibeles y provocar daños irreversibles en el tímpano y en la cadena de huesecillos del oído interno. Sobre todo, dicen los expertos, porque un explosivo sube a 35 decibeles en menos de un segundo y por ello no permite al oído prepararse para recibir esa presión sonora.

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