Elecciones primarias

José Antonio Peraza [email protected]

En los últimos meses organismos nacionales e internacionales han propuesto la ejecución de elecciones primarias en los partidos políticos como método para fomentar la democracia interna. Básicamente, el sistema político nicaragüense plantea tres formas para realizar elecciones primarias: abiertas, cerradas y parciales.

En el primer planteamiento, las elecciones primarias abiertas consistirían en la participación, mediante el sufragio, de todos los ciudadanos (afiliados y no afiliados) en las elecciones que los partidos políticos realizarían para nominar a sus candidatos. En estas elecciones los nicaragüenses escogeríamos a los candidatos a la Presidencia, Vicepresidencia y diputados para la Asamblea Nacional.

En el segundo, las elecciones primarias cerradas o interpartidarias serían elecciones sólo entre afiliados al mismo partido. En el caso nicaragüense aparecerían más como una forma de disfrazar la falta de apertura democrática dentro de los partidos, que como un interés real de incrementar la participación ciudadana.

Por último, las elecciones abiertas pero parciales, invento del Frente Sandinista, para escoger a todos los candidatos del partido, menos al candidato a la Presidencia de la República. En resumen, elecciones primarias para todos los miembros del FSLN menos para el líder “histórico”.

Tanto las elecciones cerradas como parciales son inaceptables como demostración del avance de la institucionalidad y del proceso democrático; más bien, están siendo utilizadas como una forma de desmontar el avance reivindicativo de mayores espacios de representación dentro de los partidos.

Si bien es cierto, que las elecciones primarias abiertas no resolverán todos los problemas de representación que muestra el sistema político nicaragüense, son cardinales para consolidar el régimen político democrático. Con este instrumento, se pueden dar dos pasos fundamentales, fortalecimiento de la legitimidad e idoneidad en la escogencia de los candidatos a cargos de elección popular.

La propuesta de elecciones primarias cerradas promovida por el Partido Liberal Constitucionalista es pobre en el fomento de la culturización de los valores democráticos por atrasada y cambiante; y muestra, que para la dirigencia del PLC una elección primaria abierta es amenaza directa a su liderazgo.

En el FSLN, las primarias abiertas se perfilaron como un tímido avance en la democratización; sin embargo, se retrocedió, inmediatamente al cuestionarse el liderazgo de Daniel Ortega. Fue una propuesta demagógica mientras no existió rival, hoy aparece ante la cúpula como desafortunada y antidemocrática, por su falta de equidad, ante las bases.

El FSLN y el PLC aparecen como estructuras cerradas para sus simpatizantes y aún para sus propios miembros, dado que no se pueden llamar democráticas iniciativas que lo único que buscan es hacer permanente las actuales estructuras de poder. El liderazgo político auténtico y legítimo es el que está sustentado en la aceptación voluntaria de los ciudadanos, independientemente, de su filiación política.

La realidad política nicaragüense confirma que son las etapas predemocráticas, de las sociedades premodernas, donde son más necesarios los dirigentes insustituibles y los caudillos que crean a su alrededor la “oligarquía partidaria” que definió Robert Michels. Entre más mediadores hay entre la voluntad popular y la escogencia de sus candidatos, más dudosa es su legitimidad democrática.

Precisamente, las elecciones primarias abiertas aparecen como un técnica efectiva para empezar a transitar hacia la soberanía popular, a la representación política legítima y hacia los partidos políticos responsables, tres presupuestos insoslayables de un auténtico régimen democrático. Porque la democracia está basada más que en una técnica electoral en un sistema de valores, donde no necesariamente la mayoría tiene la razón pero sí el derecho de decidir y equivocarse. Como dijo, Karl Popper: “Somos demócratas no porque la mayoría tenga razón, sino porque las tradiciones democráticas son las menos malas que conocemos”, y las elecciones primarias abiertas son una gran tradición.

El autor es politólogo

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