Armando Lau Gutiérrez*[email protected]
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La mente evolutiva del hombre
Armando Lau Gutiérrez*
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El hombre es un ser racional y divino, conformado por materia y espíritu. Está programado para llegar a la perfección científica-espiritual, con el objetivo de embellecer física y sabiamente los planetas que él habite en el Universo. Por lo tanto su misión es de alcanzar su máxima altura en comportamiento y conocimiento y cooperar con sus semejantes en su arduo aprendizaje. Para luego regresar al Seno del Padre Eterno, de donde salió y volver como el “hijo pródigo” lleno de experiencias y sabiduría.
El hombre para emprender ese largo aprendizaje se vale de la mente, que es la gran potencia del alma, y su accionar se divide en mente psicológica y mente factual o reflexiva. La mente psicológica se mueve a través del pensamiento-sentimiento, obedeciendo al impulso primario que es placer y posesión. Esto le permite al hombre aferrarse a la vida material placentera, cómoda y ambiciosa. El “yo” es el responsable de la mente psicológica, la cual se alimenta de sus conocimientos archivados en la memoria, confunde el sentimiento y las emociones con el amor. Para pasarla bien, el “yo” personalizado se olvida de sus principios religiosos. Y, cuando lo agobia un problema, solicita ayuda divina a través de la súplica, ruegos y promesas.
La mente factual o reflexiva, se asesora de la inteligencia intuitiva, por lo que es una mente científica-tecnológica. Se activa a través de la investigación, de la autopercepción, que es conocimiento propio. El filósofo Pierre Teilhard de Chardin, dijo: “Dios nos hace formarnos a nosotros mismos”. Chardin, enseñaba que la evolución es el ascenso de la humanidad hacia Omega. La mente factual o reflexiva es siempre nueva y creativa, no está contaminada ni bloqueada por el pensamiento viejo, es la mente de los pensantes, obsesionados por conocer los misterios de la vida. Es la mente de los científicos.
Estas personas de habilidades extraordinarias han sido la vanguardia en los adelantos científicos-tecnológicos de la humanidad, a saber: Galileo, Copérnico, Newton, Laplace, Lavoisier, Sócrates, Einstein y otros reveladores. Dada las grandes enseñanzas por estos insignes hombres que las han sabido transmitir sin egoísmo, ya que sin sus exposiciones las hubiéramos ignorado por siempre. Un profesor académico no enseña más de lo que él ha aprendido, es un revelador de segundo orden. El hombre de genio enseña lo que él ha descubierto.
El metafísico Allan Kardec, como los esotéricos amantes por descubrir los misterios de la vida, se han preguntado: ¿En dónde se encontraría la humanidad, científica, tecnológica y espiritualmente, sin los hombres de genio? Pero, ¿quiénes son los hombres de genio? ¿De dónde vienen? Ellos al nacer traen facultades y conocimientos innatos. Están conformados igual que nosotros, puesto que también nacen, viven y mueren ¿Será que Dios los hizo diferentes a nosotros y los dotó de una “super-alma”?
¿Es ilógico aceptar que, siendo Dios infinitamente bueno y justo y perfecto en todas sus atribuciones… se convierta en parcial? La única respuesta a este problema racional-intituivo se encuentra en la preexistencia del alma y en la pluralidad de existencias. Han vivido por más largo tiempo; por consiguiente han adquirido más conocimiento que los menos adelantados.
El hombre es un ser con capacidad universal. Como ser humano reflexivo se ubica frente a frente con las leyes naturales y divinas, lo que genera en él el poder de asimilar y comprender la vida y la razón de ser, a través del libre albedrío que nos concede el Gran Hacedor de toda las cosas. La sabiduría divina y material se revela a través de sus leyes, tanto en las cosas ínfimas como en las más grandes. Los descubrimientos de la ciencia glorifican a Dios.
* El autor es teósofo