Eduardo Enríquez
Son muchos los ejemplos que se podrían dar sobre cómo la desidia es causante de muchos de los problemas del nicaragüense, pero hay un ejemplo que siempre me llama la atención en esta época del año.
Todos los meses de diciembre, cuando paso por la Avenida Bolívar en Managua, frente al lote donde se celebra la feria Microfer, lo único que pienso es cómo ese evento se ha convertido, más que una feria de pequeños empresarios, en un monumento, en un altar, a la desidia del nicaragüense.
El Instituto Nicaragüense de Apoyo a la Pequeña y Mediana Empresa (Inpyme) lleva 13 años de celebrar las ferias navideñas y agostinas en el mismo lugar; desde entonces se está hablando de convertirlo en un verdadero parque de ferias, digno del esfuerzo que los pequeños y medianos empresarios y artesanos nicaragüenses hacen día a día para sobrevivir.
Sin embargo, 13 años y 27 ediciones después, la feria se sigue llevando a cabo en el mismo potrero. El problema que aducen no es de dinero, pues ya está ofrecida la ayuda internacional (aquí todo se hace con ayuda externa), sino que el argumento para no empezar la construcción del parque de ferias es que “no se han podido legalizar los terrenos a nombre de Inpyme”.
Yo entiendo que para un ciudadano común y corriente la propiedad en este país es una telaraña imposible de atravesar, por el relajo que hay en el Registro, pero ¿el propio Estado también es incapaz de atravesarla?
A mí me parece eso más bien desidia, pues estamos acostumbrados a hacer las cosas mal y con tal que salgan, ya “cumplimos”. Por eso los pequeños empresarios llevan más de una década haciendo una feria bajo toldos, y el Inpyme ni siquiera se ruboriza al cobrar 20 córdobas por persona —de 12 años para arriba— sólo para entrar.
O sea, un padre, una madre y dos hijos adolescentes tendrían que pagar 80 córdobas sólo para entrar. Son 80 córdobas que bien podría gastar comprando productos que se ofrecen en el lugar.
Esperan a más de 100 mil personas, ¿A dónde va ese dinero? al menos no va a mejorar las calles llenas de huecos del lote donde funciona la feria, que están en el abandono desde hace más de 30 años.
Pero ese no es el único ejemplo de las chapucerías que hacemos por la desidia con que actuamos.
Otro ejemplo, y esta vez es de la empresa privada, que está supuesta a hacer las cosas mucho mejor que el Estado: el árbol navideño de la Coca Cola, en la Rotonda Jean Paul Genie.
El domingo pasado, a la gente de la Coca Cola se le ocurrió cerrar por varias horas la principal vía de acceso a Managua. Decidieron cerrarla por completo, supongo que con la venia de la Policía, dejando entrampadas por horas a miles de personas que tuvieron que esperar en sus vehículos hasta que a la empresa le dio la gana de reabrir la vía.
Y al día siguiente eran toneladas de basura y bolsas plásticas alrededor del pobre árbol navideño.
De nuevo es la desidia, la negligencia, el yoquepierdismo, el “que se las arreglen”, lo que da como resultado este tipo de desastres, y es algo tan extendido en nuestra población, que nos afecta como nación, si no, veamos a nuestro alrededor.
Esto es como el alcoholismo, lo primero que tenemos que hacer es reconocer que tenemos un problema, para empezar a solucionarlo.