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Abstención electoral en Venezuela
El dictador militar venezolano, Hugo Chávez, reaccionó con su acostumbrada retórica virulenta contra los partidos políticos que decidieron abstenerse en la elección de autoridades legislativas de mañana domingo 4 de noviembre en Venezuela.
(Dicho entre paréntesis, algunos lectores nos han preguntado por qué llamamos dictador a Hugo Chávez, si él es Presidente de Venezuela elegido democráticamente por el pueblo. La respuesta es que, en realidad, dictador no es sólo un gobernante que subió al poder por vías de hecho y gobierna dictatorialmente, sino también la “persona que abusa de su autoridad o trata con dureza a los demás”, según lo consigna el Diccionario de la Real Academia Española en su versión electrónica. Y cabe recordar al respecto que Adolfo Hitler subió al poder, en Alemania, por medio de una elección popular).
“Son unos perros”, dijo Chávez al referirse a los dirigentes de los partidos que decidieron abstenerse en los comicios de mañana. Pero de esa manera, el dictador venezolano —quien lidera en su país un nuevo intento de implantar el comunismo en tierra continental latinoamericana— sólo demostró su temor a una gran abstención que sin duda le negaría legitimidad a esta elección parlamentaria.
En Venezuela el voto es un derecho, no es obligatorio y por lo tanto la abstención es una opción legítima de los ciudadanos y los partidos políticos. En efecto, el Artículo 63 de la Constitución de Venezuela señala que: “El sufragio es un derecho. Se ejercerá mediante votaciones libres, universales, directas y secretas. La ley garantizará el principio de la personalización del sufragio y la representación proporcional”. Pero, además de que la abstención de los partidos democráticos de Venezuela es legal, tampoco se trata de un capricho. Por el contrario, es una decisión justificada por la falta de garantías electorales, por las maniobras fraudulentas del órgano electoral controlado por Chávez y por toda la coerción antidemocrática que hay actualmente en Venezuela.
Chávez ha acusado al Gobierno de Estados Unidos de alentar el abstencionismo electoral de los partidos democráticos. Inclusive, mostrando la paranoia que es característica de todos los caudillos totalitarios, de izquierda o derecha, el dictador militar venezolano ha asegurado que la abstención de mañana forma parte de un intento de golpe de Estado para derrocarlo, inclusive para matarlo.
Pero la verdad es que con la abstención los partidos democráticos estarán atendiendo la voluntad de la mayoría de la población de Venezuela, ya que según encuestas independientes más del 70 por ciento de los venezolanos con capacidad y derecho de votar “no piensa acudir a las urnas por desconfianza del sistema electoral”. Al menos así lo señala un informe difundido por la firma encuestadora Hinterlaces. Además, para los partidos de oposición (Acción Democrática, COPEI, Primero Justicia y Proyecto Venezuela, Bloque Popular de la Zulianidad), la abstención tiene un sentido estratégico que va más allá de la simple protesta por la falta de transparencia electoral.
Ciertamente, para justificar la abstención de mañana sería suficiente considerar que el sistema de votación electrónica establecido por el régimen no garantiza el secreto del voto. Por el contrario, según denuncias documentadas de la oposición ese sistema propicia la repetición del fraude que se hizo con el referendo revocatorio celebrado en agosto del año pasado, cuando las autoridades electorales cambiaron un resultado de 59.25 por ciento de votos favorable a la revocación del mandato de Chávez, y 40.75 por ciento que votó por la continuación del régimen chavista —de acuerdo con las encuestas a boca de urna que hicieron entidades cívicas independientes—, por exactamente las mismas cifras, pero al revés, es decir, a favor de Chávez.
Aparte de eso, está claro que el objetivo que persigue Chávez con la farsa electoral de mañana es tener en la Asamblea Nacional una mayoría calificada para reformar de nuevo la Constitución, a fin de quedarse en el poder para siempre, igual que Fidel Castro en Cuba. Y ese plan para liquidar definitivamente a la democracia en Venezuela no deben avalarlo las fuerzas democráticas.
En realidad, no es lo mismo participar en una elección — en un país gobernado en forma dictatorial— para avanzar en el fortalecimiento de una alternativa democrática y arrancarle espacios a la dictadura, que avalarla y legitimarla participando en una farsa electoral en la que lel únicp beneficiada sería el dictador de turno, en este caso el procomunista presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez.