Rafael Antonio Díaz Salazar *[email protected]
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Identidad del médico
Rafael Antonio Díaz Salazar *
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¿Por qué recurre a la huelga el médico nicaragüense? En la situación actual percibo dos elementos que la motivan: la reivindicación salarial y la identidad del médico como gremio.
La validez de la reivindicación salarial del médico no debería ser materia de discusión, puesto que es una cuestión de justicia que ya debía haber sido resuelta años atrás. Las circunstancias propias de la vida moderna hacen que sea válido y necesario que el médico reciba una justa compensación salarial por su trabajo que por su naturaleza misma es difícil medirlo en su justa dimensión, con el agravante que en conjunto con su familia, está expuesto a riesgos muy altos (enfermedades infectocontagiosas, sida, etc.) a los que ningún otro profesional se expone.
Hoy es ridículo pensar en el médico de a caballo que se le pagaba con una gallina, una cuajada o una media docena de huevos. Un médico en pobreza no puede tener acceso a los altos costos que demandan la actualización profesional y las nuevas tecnologías. Un médico en pobreza está más expuesto al error en la atención directa de su paciente. Además, como cualquier ciudadano, el médico tiene que atender todas las necesidades perentorias de la vida familiar, social, cultural, etc. La misma sociedad se lo impone: vestirse bien, vivir en una casa decente, tener una buena clínica, un buen vehículo. Son derechos que tiene el médico como cualquier otro profesional o ciudadano. Algunos miembros de la sociedad civil también saben ser crueles con el médico en pobreza, porque al verlo en clínica pobre, ni lo visitan porque piensan que es un medicucho barato de mala muerte. Y cuando el médico envejece el espectro de la pobreza es más duro y doloroso.
Con la huelga médica de hoy, la sociedad civil debe hacerse la siguiente pregunta: ¿Es justo que el médico nicaragüense continúe soportando la injusticia de un salario miserable en una grave muestra de inequidad distributiva del Estado? Y para el médico nicaragüense, la reflexión siguiente: ¿Debe continuar el gremio médico subsumido al destino y a las decisiones de una organización que sí tiene identidad propia como organismo político sindical identificado y en coincidencia plena con la ideología propia de un partido político determinado; o debe el gremio médico encontrarse a sí mismo y manifestarse con la identidad propia que le corresponde como fuerza viva de la nación?
La injusticia salarial y la identidad prestada son dos aspectos que le restan valor a la dignidad profesional del médico. Por eso creo que la primera meta es alcanzar identidad propia como médicos, en unidad de visión y misión, con criterio claro y definido, porque sólo el médico salva al médico. Sin embargo, no se puede obviar una penosa realidad reflejada en el refranero popular que nos dice que “no hay peor cuña que la del mismo palo” y quizás por eso se ha visto mucha desconfianza, partidarización, apatía y ambición populista como debilidades graves que se han convertido en barreras infranqueables para lograr una verdadera unidad médica que no esté inspirada únicamente por motivos económicos o de figuración.
Hay que anotar que no se puede pretender una colegiación sin unidad y ésta no se dará si no se sientan primero como premisas indispensables dos criterios vitales y esenciales: la preservación de la libertad del ejercicio profesional y la despolitización partidaria del gremio en sus diferentes asociaciones que lo conforman.
Los médicos nicaragüenses y los médicos jóvenes en particular, tenemos dos retos aún no cumplidos para un verdadero liderazgo: identidad y unidad, pero insisto, en libertad y sin partidarización política. Debe ser un liderazgo marcado por una actitud sincera, honesta, transparente y con un firme compromiso ético, humanitario y social tal como nos lo demanda nuestro juramento, la humanidad y nuestra Patria.
* El autor es médico