El dilema del liberalismo

Iván de Jesús Pereira

Enarbolando el ideario de Madriz, centrado en la Patria, la República, la libertad, los liberales de todas las tendencias tienen que reflexionar profundamente sobre el futuro del partido y las próximas elecciones generales que se aproximan.

La necesidad de reunificación del liberalismo, la tarea imperiosa de restañar las heridas, de conciliar posiciones, de perdonar ofensas y de escoger un candidato potable, que cuente con el respaldo absoluto del partido es una condición sine qua non para permitirle a Nicaragua un futuro promisorio.

La famosa tesis de las cuatro bandas es en el fondo la mayor trampa que la izquierda nicaragüense ha ideado para conseguir el poder. El mejor escenario para las fuerzas democráticas es contar con un solo candidato al cual volcarle la mayoría del voto de la nación.

Ese objetivo comienza con un liberalismo unido que pueda servir como en el pasado, de enorme paraguas en donde otras fuerzas democráticas: conservadores, cristianos, etc. sean bienvenidas y entren a reforzar y garantizar el triunfo del progreso, la modernidad y nuevas oportunidades para todos, cosas que el liberalismo siempre ha estimulado.

Pero, ¿cómo conseguir ese candidato que cuente con el respaldo unánime del pueblo liberal y de las fuerzas democráticas? La solución está a la mano : vayamos a unas elecciones primarias.

Demos el paso, robustezcamos la democracia, modernicemos el sistema. Que sean las bases del partido quienes elijan a los candidatos que les gustarían ver encabezar en la próximas elecciones la boleta liberal.

El PLC no tiene que temer a dicha propuesta, debe tomar en cuenta que tiene a su favor sus estructuras, su maquinaria y su liderazgo, aunque éste haya sido mal tratado por el doctor Alemán. Los liberales del PLC, en este momento, deben pensar más en el partido que en los problemas de su “líder”.

Un partido no es un hombre, es un ideario, una bandera, un sistema de libertades, un código y práctica de virtudes ciudadanas, de respeto al derecho, una exaltación a los valores humanos, y una sensibilidad profunda para estar dispuesto a combatir la pobreza que nos rodea.

¿Por qué temer entonces la reunificación vía elecciones primarias? Si en el fondo se cuenta con un respaldo fuerte de maquinaria de partido y obras realizadas.

La gran masa liberal no se encuentra en las ciudades, se encuentra en el campo, pues fue ahí donde el liberalismo a través de sus administraciones llevó progreso, construyó escuelas, creo dispensarios, centros de salud, agua potable, electricidad, creó programas para la clase humilde, en fin, dio y ejerció apoyo y cariño al campesino nicaragüense.

Si el PLC se niega a ir a unas primarias, su posición sería muy cuestionable, se podría pensar que la cúpula del partido ha renunciado a la conquista del poder y ha optado por seguir disfrutando de las mieles del Presupuesto de la República.

La cúpula del PLC debe estar clara que si no hay una unificación liberal a lo máximo que se puede aspirar es a obtener un 20 ó 30 en el escrutinio, lo cual les aseguraría la cuota para seguir manteniendo el pacto con el sandinismo.

Daniel Ortega ha chantajeado y extorsionado al doctor Alemán en todo este proceso convirtiéndolo prácticamente en su rehén. Ortega ha dejado burlado al caudillo liberal las veces que ha querido. ¿Qué lealtad puede tenerse a alguien con dicha procedencia?

Si la cúpula del PLC opta por rechazar las primarias, lo que quedaría demostrado es que pesan mucho los beneficios económicos y las alianzas de capitales libero-sandinistas que el pacto ha creado, y que las mismas están por encima del ideario del partido y del líder.

Si el PLC elige esta alternativa se estaría convirtiendo en el nuevo zancudismo, vendría a revivir lo que Conrado Vado hizo en 1957 con el somocismo, servir de títere abyecto, pero en nuestro caso y en nuestro tiempo, del danielismo.

La alternativa de las primarias no puede ser rechazada. En el PLC existen dirigentes potables para encabezar y ganarlas, Rizo Castellón, Francisco Javier Aguirre, Ramiro Sacasa Gurdián, Wilfredo Navarro, son algunos de tantos con los que cuenta ese partido.

Si el fenómeno Montealegre o Alvarado son fenómenos de la ciudad, el PLC puede demostrar ante el país que el grueso del partido, sus bases, su dirigencia, cuenta con la inmensa mayoría que los respalda.

Si escoge este camino la dirigencia del PLC, el doctor Alemán estaría demostrando que sus principios liberales y democráticos están muy por en encima de sus ambiciones personales.

El autor es abogado.

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