Poesía y empresa privada

Francisco Ruiz Udiel

La empresa privada nunca quiere perder. Asumo que cada propietario de su negocio cuenta ávidamente sus ganancias, sueña que un día todos los sonidos del mundo puedan convertirse en monedas que caen dentro de su bóveda. No fueron los poetas los que inventaron ese sonido, sino la ambición de los hombres que desean convertir el sol en una gran moneda confinada a la esperanza de Dios, porque en God We Trust, dicen, aunque Dios nada tenga que ver con la multiplicación del dinero.

Quizá el significado del valor del dinero haya sido limitado con el fin más frío: comprar bienes y servicios. Para mí, el verdadero valor del dinero está en la forma que éste puede retribuir al ser humano, no puedo decir que el dinero no es importante, porque desafortunadamente sí lo necesitamos: el dinero no hace la felicidad, pero ¿a quién no le gustaría morir en un Ferrari?, dice un dicho.

Desde esta perspectiva de usar el dinero para retribuir al ser humano, se me ocurre que la empresa privada debería considerar una parte de sus ganancias para la sociedad, como una forma de retribuir a las personas, el éxito que con el tiempo ellos han logrado alcanzar. Es ahí donde se hace necesario pensar en la gran responsabilidad social que debe tener cada empresa con la comunidad.

Dudo mucho que esta costumbre acentuada dentro del marketing social sea parte integral dentro de las estrategias corporativas, pero no todas las empresas privadas permanecen indiferentes ante este tema.

En algunas ocasiones, grandes corporaciones han realizado sus campañas publicitarias en donde un porcentaje de sus ventas han sido destinadas a Organizaciones No Gubernamentales, proyectos de beneficencia pública, y en ocasiones, si hay suerte, a la cultura. La pregunta es ¿qué ganan los empresarios apoyando la cultura y en especial un festival de poesía, que actualmente es el más grande evento en Nicaragua?

Mucho. En primer lugar, están permitiendo que los artistas sigan publicando y dando a conocer sus obras, que tanto necesita el ser humano para liberarse del tedio. En segundo lugar, permite que al menos Nicaragua pueda dar una buena imagen a través de la poesía, tomando en cuenta que hay una excelente tradición poética en el país, quizá lo mejor que tenemos sea eso, ya que la imagen de país que vendemos anda arrastrando su lengua desde hace mucho tiempo. En tercer lugar gana la misma empresa privada porque dentro de la estrategia de marketing social está mejorar su imagen y muchas veces este repercute en el incremento de sus utilidades netas.

Afortunadamente el año pasado cuando se llevó a cabo el Primer Festival Internacional de Poesía de Granada algunas compañías fueron conscientes de la importancia que tenía este festival desde el punto de vista meramente filantrópico, pero aún falta mucho por hacer, un festival que aglutina a más de 140 poetas cada año necesita verdaderamente de una buena infraestructura económica.

Para que continúe dándose ese diálogo tan importante entre países y culturas, sobre todo el diálogo entre poetas que vienen desde lugares lejanos, es imprescindible el apoyo financiero que pueda aportar la empresa privada. Ojalá la ayuda se multiplique y que los empresarios puedan, para este festival, darle un verdadero valor a sus utilidades.

El autor es poeta.

Editorial
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