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La saga de Fujimori
La inesperada “visita” de Alberto Fujimori a Chile obliga a reabrir su tenebroso expediente. Para empezar es evidente que el ex dictador peruano , a pesar de su ancestro asiático, actúa como un típico caudillo latinoamericano. Nacido y criado en una cultura política corrupta , enseña un apetito de poder sin fronteras. Por lo demás Fujimori pertenece a la segunda generación de caudillos surgidos después de la guerra fría. Estos no llegan al poder por golpe de Estado, sino manipulando hábilmente instrumentos democráticos .
Fujimori, por ejemplo, llega en 1990 a la Presidencia de Perú al ganar comicios impecables, aprovechándose de un carisma que lo presentaba como un atractivo y confiable Jefe de Estado. Impresionaba el “chino” por sus modales sencillos, su permanente sonrisa oriental, su vestimenta de cholo de las sierras, con el infaltable “poncho”, el gorro de algodón y machacando frases en quechua o aimará. Además, prefería comidas típicas como cebiche y anticucho, mientras brindaba con Pisco y daba algunos pases de Marinera norteña.
En contraste con esa actuación, Fujimori posee un récord académico impecable, además de ingeniero, graduado en la Universidad Agraria limeña, tomó cursos de física en la Universidad de Estraburgo (Francia) para graduarse luego de master en matemáticas en la Universidad de Wisconsin , becado por la Fundación Ford. Fue además presidente de la Comisión Nacional de Rectores del Perú y decano en la Universidad La Molina . La única persona que conocía su talante dictatorial era su ex esposa, también japonesa, quien lo denunció públicamente. Hombre de acción, Fujimori logra controlar pronto la expansión del terrorismo del maoísta Sendero Luminoso y las guerrillas Túpac Amaru. Además disuelve el congreso peruano en 1992, por no disponer de mayoría congresal, lo mismo hizo con la Corte Suprema de Justicia, medidas que sus propios conciudadanos, la comunidad regional e incluso los EE.UU. estimaron como un mal menor, comparado con los implacables cochebombas, cuanto más que había capturado a Abimael Guzmán a quien exhibió como fiera enjaulada.
El ex Presidente peruano superó la crisis institucional convocando a un referendo prefabricado que ganó, aunque la OEA le forzase poco después a llamar a una Constituyente (1995) que lo eligió mayoritariamente. Fue durante ese tercer período que alcanzó el apogeo de su poder, luego que lograra insertar a Perú en la economía global con lineamientos del FMI , reestructurando la macroeconomía, privatizando decenas de empresas estatales, desmontando la inflación y otorgando concesiones discrecionales a empresas mineras, consiguiendo pingües ganancias clandestinas.
Ese exitoso récord administrativo —frecuente en la primera etapa de los caudillos— lo acompañaba de una dura represión en que el ejército tenía carta blanca, como lo demostraban los asesinatos que ejecutaban en los barrios altos de Lima y en la ejecución de un profesor y nueve estudiantes de “La Cantuta”. Ya para entonces Fujimori contaba con la complicidad del maquiavélico Vladimiro Montesinos, jefe todopoderoso del Centro Nacional Antiterrorista, encargado de sobornar a sus adversarios políticos.
Al calmarse el terrorismo y mejorar la situación económica, la ciudadanía peruana empezó a reparar en el abuso de los derechos humanos y las malversaciones del Gobierno. En todo caso, sucedió un hecho que conmovió a la opinión pública al producirse el asalto audaz a la Embajada japonesa, la reacción del gobernante fue típica, fingiendo negociaciones, aprovechó para excavar sigilosamente un túnel por donde penetraron los 140 miembros de la tropa de asalto. Como resultado todos los guerrilleros fueron masacrados, mientras sólo uno de los asistentes al evento diplomático causó baja. No obstante ese drama, Fujimori se proclamó candidato para el siguiente período (2000), a merced de un fraude denunciado por Alejandro Toledo, quien marchó a Lima al frente de un millón de campesinos.
En un dramático gesto, Fujimori convocó a nuevos comicios, renunciando a su candidatura. Viajando con engaños a Borneo, se refugió luego en Japón donde permaneció exiliado por seis años. En cuanto a la OEA, comienza a ser útil cuando se aprueba la Carta Democrática en Canadá, documento que en la coyuntura nicaragüense del 2005 mostró inutilidad. El final de este drama peruano parece acercarse con el imprevisto regreso de Fujimori, quien logra llegar a Chile para caer en las tenazas de un sistema judicial que tarde o temprano lo mandará de regreso a Lima, donde compartirá cárcel con Montesinos y Guzmán.