Emilio Álvarez Montalván
En una de sus celebradas sentencias, afirmaba Rochefucault, “La gran paradoja de la humanidad es que viviendo del planeta tierra se empeña en destruirlo”. A esa conclusión llega quien observa desde la perspectiva que brindan los astronautas, en sus viajes espaciales, la superficie del mundo que habitamos.
Fuera de algunos manchones verdes y las grandes masas volcánicas y los océanos, lo que predomina en este continente es una aridez impresionante, casi lunar. Esto no sólo es resultado del calentamiento progresivo del globo terráqueo, ni de las devastaciones causadas por guerras, ni los desastres naturales dejados por maremotos, temblores de tierra y deslizamientos e inundaciones, sino por las depredaciones que produce en la naturaleza el ser humano en actitud suicida, de las cuales destacamos las tres más importantes : los incendios que reducen a pavesas la floresta, quemando el humus fertilizador; la tala inmisericorde e indiscriminada de los bosques, incluyendo madera fina convertida en trozos de carbón y por último la insensata e insalubre acumulación de basura, depositada delante de las puertas de las casas, tirada a los patios, arrojada a la calle desde vehículos en marcha o bien arrojada a cauces que más tarde quedaran obstruidos.
A lo anterior debemos agregar la constante contaminación de lagos, fuentes, ríos, y aún subsuelo, por el derrame o infiltración de desechos tóxicos, además de los gases venenosos que flotan en el ambiente, expelidos por motores carentes de filtración alguna. A todo ello habría que incluir el ruido a niveles insoportables a que se expone a un inerme vecindario, que no sólo es su tímpano lastimado, sino su mente enajenada.
Todo esto tiene al caso a propósito de una noticia alentadora. Durante los días 28 y 29 del mes pasado en el paradisíaco hotel Selva Negra en Matagalpa se juntó un grupo de intelectuales comprometidos con la causa de preservar el medio ambiente. Había de todo: artistas, médicos, historiadores, ecologistas, etnólogos que desarrollaron un programa atractivo y variado alrededor de los tesoros que la naturaleza ha brindado a nuestro país. Y la urgencia y obligación de preservarlos como una tarea compartida y sostenida.
Por la noche una atractiva fogata congregó a los visitantes que al ritmo de un improvisado cantaautor, traducían en melodías, su arrobamiento por los jardines que les rodeaban. Hubo también oradores que explicaron las dificultades en el saneamiento del Ciolotlanm, la inminente pérdida de los ríos chontaleños, la manera más práctica de recolectar la basura. Mientras otros exponían el paisaje inhóspito que nos espera si no prestamos atención y corregimos el desgaste que a nuestros ojos se está produciendo.
De todas esas reflexiones y vivencias surgió la idea de elaborar una Declaración o Manifiesto de Selva Negra dirigido a la ciudadanía, con el ánimo de despertarla del letargo en que está sumida frente al lento pero seguro deterioro del ambiente. De ese encuentro salió, asimismo la iniciativa de proponer la creación de una instancia interinstitucional formada por Marena, Intur, ICN que potencie la sostenibilidad del Patrimonio Nacional y Cultural que forman las dos columnas de nuestra identidad.
Procurar que la Asamblea Nacional dicte leyes que incentiven la inversión en la industria turística llamada a desempeñar un lugar prominente en la adquisición de divisas. Invitar a todos los medios de comunicación a emprender una amplia campaña que ayude a educar a la ciudadanía en el respeto hacia los dones que nos brinda la naturaleza y evite su deterioro. Y finalmente lo más importante de todo, que se exija la implementación de las leyes y reglamentos que protegen nuestra flora y fauna como elementos fundamentales en la defensa de la política forestal y para que se pueda dar el cambio de percepción e imagen, vigilando la puesta en vigor de un código de ética y responsabilidad.
No es posible que sigan actuando con impunidad las mafias madereras que están asolando inclementemente nuestra riqueza en complicidad con grupos internacionales de delincuentes. Encomendar al grupo de intelectuales que organizó este evento a convertirlo en una actividad periódica que mantenga vivo el entusiasmo por la preservación de la riqueza nacional.
LA PRENSA al registrar tan laudable iniciativa que tuvo la feliz idea de integrar no sólo a las agencias gubernamentales, sino a la iniciativa privada para aunar esfuerzos, como debe ser la posición patriótica en la defensa de nuestra madre naturaleza de la cual todos provenimos y hacia donde vamos.
El autor es analista político.