- Paolo Lucci llegó a Nicaragua hace nueve años y mañana se va para asumir un puesto en su Roma natal, pocas veces logramos ver cuánto cala en los extranjeros la forma de ser del nica. En este caso las lágrimas fueron la respuesta al preguntarle qué es lo que más añorará de este país, con voz entrecortada respondió: su gente
Gustavo Ortega [email protected]
Quienes logramos conocer a este italiano, que llegó hace nueve años a Nicaragua, la expresión es unánime: parece nica. De personalidad extrovertida, amante de la comida típica, amistoso… y parrandero cuando toca la oportunidad.
Mañana se va del país, cumplió su período de cooperante a través de la agencia italiana Agriconsulting, que entre sus principales logros está haber educado y asistido a los productores del llamado Cuadrilátero Lechero del país (ubicado entre Nueva Guinea, Río San Juan y Chontales).
Cuando llegó los productores de la zona se dedicaban a lo de siempre, vender la leche en la zona, ahora facturan millones de córdobas, ya se modernizaron.
En esta entrevista hace sus valoraciones sobre la situación del agro visto desde la óptica de un cooperante, pero además reflejó sin pudor su enorme cariño por este país, lo que le provocó lágrimas.
“Me harán falta los nicaragüenses”, logró decir después de una larga pausa.
“Yo creo que las emociones son parte del desarrollo, sino tenemos emociones, sino creemos en nuestro trabajo, no se pueden hacer las cosas”.
Aseguró que la pobreza no se acabará con mayor apoyo de los países desarrollados, “se necesita cambios de actitud, el país debe creer en sí mismo, que se pueden hacer las cosas”.
También considera que a veces es difícil que los cooperantes extranjeros se sienten con la gente y vayan al campo, “la mayor parte de programas se concentran en las ciudades”.
“El cooperante no le toca relacionarse solo con otro cooperante en Managua en ambiente de gobierno y de las universidades, debe estar metido en los problemas de la gente y aquí en Nicaragua la gente cree y está dispuesta a escuchar”.
¿Cómo fue su llegada a Nicaragua?
Fue un 21 de octubre de 1996, llegué un lunes, vine de Italia, antes estuve en Perú. Me ofrecieron esta oportunidad, Nicaragua me llamaba la atención y al día siguiente me subí a una camioneta con otro colega y nos fuimos a Nueva Guinea, fueron ocho horas y media de infierno, en esa época la carretera era mala, mala. Llegamos ahí, era el comienzo del programa…
Estamos hablando de la llegada de Agriconsulting a Nicaragua…
Así es, Agriconsulting es una empresa contratada por el Gobierno italiano para asuntos de cooperación técnica. Mi misión era diseñar un programa de asistencia técnica, antes había llegado una misión de identificación que estableció las líneas generales del programa.
Empecé quedándome toda la semana, venía (a Managua) sólo los fines de semana, las condiciones allá al inicio no eran buenas, éramos cuatro italianos juntos en una casita, en condiciones del campo, en este tiempo habían armados en la zona, pero nunca tuvimos problemas reales.
¿Le costó adaptarse?
Soy agrónomo, entonces trabajo en el campo, como cooperación he estado en países con dificultades de desarrollo, estoy acostumbrado a trabajar en condiciones un poquito extremas, estuve en Etiopía, fue mi primer trabajo, en Perú estuve en una zona indígena, estuve en la frontera entre Pakistán y Afganistán.
¿Cuáles eran los planes iniciales en Nueva Guinea?
El programa preveía el desarrollo de la parte láctea y granos básicos, yo me hice cargo de un sistema de acopio para mejorar la parte de comercialización y al mismo tiempo apoyarlos con asistencia técnica. Ahora ya se lograron los objetivos y hasta se construyó la quesera. Realmente cuando llegué no pensé hacer posible lo que estaba planteado, las carreteras no estaban en condiciones, se sentía mucho el estrago de la guerra, había poco ganado…
¿Cómo solventaron eso?
Lo primero que hicimos fue dar crédito para vaquillas y construcción de establos. La seguridad, sea por los rearmados o por la delincuencia común, los abigeos, ponían el asunto delicado, también las personas a nivel emocional se sentían golpeadas, creo que una de las cosas mas bonitas ahora es ver el cambio de actitud de las personas, en nueve años han pasado de esa actitud de desconfianza al futuro a creer en el porvenir, tienen estabilidad, pueden programar más inversiones, programar el estudio de sus hijos, hay seguridad, la carretera está bien.
¿Cuántos empezaron?
Empezamos con 24 pero por falta de presupuesto lo redujimos a 20, la primera idea era concentrarnos en 20 fincas, adoptamos las técnicas, eran fincas piloto, las cosas salieron relativamente bien.
¿Fueron técnicas importadas?
No, y eso fue el éxito, los componentes ya existían en Nicaragua, no trajimos nada de afuera, son cosas que ya estaban comprobadas en el país, por ejemplo la erradicación de la brucelosis y tuberculosis que administra el Ministerio Agropecuario, otro aspecto fue el uso del pasto mejorado, habían experiencias logradas con apoyo holandés… eso nos ayudó a cortar los tiempos.
¿Pero tuvo que ser necesario que llegaran ustedes a la zona para lograr ese éxito?
Yo creo que sí.
¿Por qué?
El desarrollo de factor humano. Tu puedes tener la tecnología, puedes tener los recursos, pero sino pones al hombre al centro del desarrollo hay muchas limitantes…
En todo caso le toca al Gobierno promover el desarrollo humano…
Pero a veces las personas no tienen la misma visión, el hecho de que ahí estábamos dos italianos para la gente era importante, nos vieron en sus fincas, nos vieron montados a caballo…
Entonces ya es un asunto cultural…
Es en parte cultural.
¿Parece que nos animamos más cuando vemos al extranjero en vez del funcionario de gobierno?
El nicaragüense del campo es una persona muy abierta a entender, pero quizás cuando ve al funcionario dicen que pasan los gobiernos y no pasa nada, es lo que percibí. A veces las cosas se dan por situaciones especiales, en nuestro caso la gente y mis colegas teníamos motivaciones especiales.
¿Cómo quedan las cosas?
El programa (de desarrollo lechero) ya es reconocido, las carreteras están en mejores condiciones, se nota el cambio económico, el proyecto tiene a 300 personas involucradas entre socios y proveedores, la cooperativa factura millones de dólares anuales. Ya trabajan solos.
Es mucho si recordamos que partieron de cero…
Partieron de cero, fue un proceso largo, invertimos mucho en asistencia técnica, al punto de explicarles el asunto de la personería jurídica, al final decidieron hacerse cooperativa, fue un proceso amplio, se discutió en las bases.
¿La asistencia que prestan ustedes es a nivel de préstamo o donación?
Es donación al Gobierno de Nicaragua.
¿Y a cuánto asciende?
En términos generales son ocho millones de euros (casi 10 millones de dólares), una parte fue para granos básicos y el resto para ganadería.
¿Ve posibilidades de repetir la experiencia en otras zonas?
El país tiene enorme potencial ganadero, agrícola y lo está desarrollando poco a poco, por lo pronto se está negociando una ampliación del modelo en Chontales y Zelaya Central.
La FAO, sus dos nicas y agosto
Paolo Lucci Chiarissi deja mañana el país, con los ojos enrojecidos, de los que salieron lágrimas, expresó su enorme cariño por Nicaragua.
Asumirá en enero un alto cargo en la sede central del Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Roma.
Con 48 años, Paolo asegura que ha disfrutado mucho la vida, tiene experiencia militar, pero además su primer trabajo no lo olvidará: asistente de lavaplatos en Londres, cuando decidió independizarse de sus padres.
Dejó atrás la tradición familiar de ser abogado y ahora es un zootecnista, doctor en Agronomía y administrador de empresas.
Tiene dos hijos: Federico de 12 años, de madre peruana y Paola de 2, concebida con Érika Ramírez, periodista nicaragüense. Se lleva a Roma a sus dos “nicas”, como las llama y asegura que serán el hilo conductor para visitar a Nicaragua con relativa frecuencia. “Siempre Nicaragua va a ser un punto clave de nuestras vidas”.
Cree que Nicaragua necesita mejorar los servicios para el sector agroindustrial. Es decir profesionales capacitados para ello.
Es coleccionista de pinturas, principalmente de artistas nicas, que ya están listas para ser enviadas a su nuevo domicilio.
“La pintura nicaragüense es fuerte, es de colores, emociones, me gusta mucho, me identifico con eso, me gusta la artesanía también”.
Fiel creyente de los valores humanos, “son elementos fundamentales de mi propia vida y del desarrollo”.
Es muy franco, al punto de comentar que fue la Ramírez quien lo hizo quedarse en el país.
“Erikita me hizo quedarme en el país, cuando llegué a Nueva Guinea para mí era un infierno al inicio, vine un fin de semana a Managua y una amiga me la presentó”.
También le apasiona el mar y practica el deporte de velas.
Su abuelo, Vinsenzo Lucci, tuvo una nominación al premio Oscar de la Academia Cinematográfica estadounidense en 1957, una de sus facetas familiares que guarda con orgullo.
Conoce mucho de Filosofía, latín y griego, que son parte de las referencias académicas a las que hace mención.
Sobre el desempeño futuro de Nicaragua, en base a su experiencia del agro, cree que los lácteos, las frutas y las hortalizas son a su juicio los rubros que requieren apoyo sostenido, pues son los que tienen mucha oportunidad en el mercado exterior.
Es de la idea que el DR-Cafta será bueno siempre y cuando cuente con una política interna oportuna.
Al despedirse aseguró que piensa venir al menos una vez al año a Nicaragua y al preguntarle la temporada, inicialmente pensó en diciembre, pero después con firmeza dijo: “En agosto por las fiestas de Managua”.