Las primarias nunca fueron solución

Mario Alfaro Alvarado

Ahora resulta que las “primarias” para escoger a los candidatos a la Presidencia de la República han venido a ser como el gusano que se le pone al anzuelo y que, en este caso, el peje gordo no ha mordido y en cambio armó su propia carnada para sorprender a los pececillos descarriados. Se tiene la sensación que las candidaturas obnubilan a los candidatos, o que éstos usan anteojeras para ver en una sola dirección, sin reparar en las trampas que surgen en el camino que alegremente recorren hacia las elecciones.

Cuando Montealegre desafió al PLC con las “primarias”, produjo el mejor efecto de su rebeldía frente a la sumisión y el uso del “dedo” para escoger a los candidatos. Pasados unos meses, la realidad demostró que la escogencia por elecciones primarias en los partidos no tienen ninguna aplicación, ni siquiera hay espacio para intentarlo. Ésta es la realidad de las primarias: el FSLN ya tiene escogido a su candidato, un candidato que se escogió a sí mismo; Lewites no necesita primarias porque los partidos que forman su alianza ya lo escogieron como candidato; Montealegre, igualmente, ya fue elegido por la alianza que sustenta su candidatura. Y en cuanto a los aspirantes del PLC, que son varios, todos esperan el “dedo” generoso del caudillo. Entonces, ¿qué es lo que queda de las excitantes primarias, las cuales como popas de jabón nacieron, crecieron, pero no volaron?

Quizás las primarias pudieran servir para la elección de los diputados a la Asamblea Nacional. Esto más que una aspiración fortuita es un reto, pues nada más fácil que ser nombrado “a dedo” para convertirse en “padre de la Patria”.

Seamos objetivos. En el mejor de los casos —es decir sin inhibiciones— las elecciones podrían ser un juego doble de tenis: cuatro jugadores en la cancha, aunque cada uno jugará para sí mismo. Ese desafío tendría lugar entre los cuatro candidatos más favorecidos por las preferencias electorales reflejadas en las encuestas. Pero queda el reto de escoger democráticamente a los diputados.

Permitir un juego limpio electoral a cuatro bandas, como lo han llamado, no es lo mismo que escoger a los representantes parlamentarios. Ya saben los candidatos, los dueños de los partidos “mayoritarios” y la opinión pública nacional, que para dominar el país no es necesario la presencia de la República. Las reformas, pactos, reparticiones y leyes marcos, han acomodado el escenario político para que el verdadero poder esté en manos de quien o quienes manejan a voluntad, la voluntad de los diputados. Tal es el caso actual, que seguirá siendo así mientras exista el pacto libero-sandinista.

Basta pensar que sin erradicar el “dedo” para nombrar a los diputados, sumado al hecho que los electores se nieguen a votar por desconocidos puestos en una lista o, peor, por unos candidatos muy bien conocidos, la próxima asamblea no diferirá mucho de la actual y, entonces, el pacto seguirá vigente y viviente.

¿Qué hacer ante esta perspectiva electoral inquietante por aleatoria e insegura? No se puede confiar que los candidatos presidenciales se quiten las anteojeras y salgan de su ensueño, para adoptar una línea de acción diferente y mejor ajustada a la realidad política nacional. ¿Entonces? Corresponde a las organizaciones civiles no dejarse arrastrar por el juego electoral manejado por intereses políticos; debe trazarse su propio derrotero, coincida o no con el camino de los candidatos; porque el pueblo dirigido por esos organismos civiles espera soluciones políticas, sobre todo electorales, efectivas y permanentes. De lo contrario se perderá, una vez más, la oportunidad para derrotar definitivamente a la corrupción que aniquila poco a poco a este país.

El autor es periodista.

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