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EL JUEZ
¡Cómo cambian las cosas! Hace algunos años Estados Unidos estaba preocupado por el tránsito aéreo de la droga que pasaba por Nicaragua. Más recientemente, por las lanchas rápidas cargadas que pasan por nuestras costas. Siendo el país receptor de droga que es, ha cuidado (y es lo más justo) de apertrechar en parte al Ejército y la Policía para que detengan la droga antes que llegue a su país. Pero, de un tiempo acá, Estados Unidos no parece tan preocupado por el espacio aéreo o por las costas sino por los pasillos y salas de juzgados y cortes de Nicaragua, donde señorean el narcotráfico y los narcodólares. Y es ahí donde Estados Unidos está dando ahora la batalla más cruenta para que la droga no llegue a su país. ¡Los tiempos, Dios mío!
EL FISCAL
Otra vez el fiscal Julio Centeno Gómez se ampara en los vericuetos legales para evitar cumplir las funciones de su cargo. Para una pinche notificación judicial que solicita un Gobierno extranjero, se va por las ramas, “que debió llegar aquí y no allá”… “Que tal vez el próximo año” … ¡En fin! todos sabemos que va a enredarla tanto como pueda. Y siempre podrá decir que “así lo manda la ley” y lo raro del caso es que a don Julio Centeno Gómez, el Fiscal, la “ley” siempre lo manda a defender a Arnoldo Alemán, el hombre que lo puso en ese cargo. ¡Qué casualidad!
EL CONTRALOR
Otra institución digna de lástima es la Contraloría. Si hago un esfuerzo de representarla a través de una figura, la imagen que se me viene es la de una vieja desdentada y varicosa, con uno de sus ojos miope y catarotoso, cubierto con una verruga, y con el otro fino y malvado. Así, con el ojo miope revisó el caso Alemán y ¡sorpresa!, no encontró nada que lo inculpara, mientras que con su ojo fino revisa a Lewites, a Bolaños y a todos aquellos enemigos naturales de los señores a quienes sirve. Antes siquiera de conocer cualquier causa, esta vieja de fea apariencia hace la pregunta tácita: ¿Dime de qué lado del pacto estás y te diré con qué ojo revisaré tu caso?
EL MINISTRO
Que mal está quedando Pedro Solórzano. Quiere que creamos en su inocencia como si fuese un acto de fe. No presenta pruebas y todavía se enoja cuando todo lo incrimina. Huele a podrido y se ve feo. Pero Solórzano pide que nos tapemos la nariz, miremos para otro lado y creamos en sus palabras. Como si la palabra de un político valiera mucho en este país. La patética defensa de Solórzano me recuerda aquella escena de la película Chicago, cuando la esposa entra al cuarto y encuentra a su marido con dos amantes en la cama. Y aquél sólo atina a decir: “¿A qué le vas a creer más: a lo que estás viendo o a lo que yo te digo?”
EL RECTOR
Cada año veo más desfigurado a don Telémaco Talavera. O sea, lo veo desfigurado como Rector. Es que uno espera que el Rector de una universidad sea un intelectual, educado, conciliador y, sobre todo, mesurado. Pero el Rector que vi en la televisión un día de éstos, poco se diferenciaba del busero que anuncia que quemarán las calles si no les dan una nueva partida de dinero. ¿La bolsa o la vida?, encañona Talavera a Nicaragua con su arma letal: un Yásser Martínez, más peludo e irracional que nunca.