Hora nica

Fernando Centeno

Es válida y oportuna la preocupación expresada en la revista Magazine sobre la falta de puntualidad de los nicaragüenses en la mayor parte de las actividades de la vida diaria (Los ladrones del tiempo).

La impuntualidad no sólo se ha convertido en una reiterada y dañina costumbre, sino lo que es más grave aún, se trata de justificar como una forma de ser, un comportamiento, una tradición familiar, una costumbre de grupos y hasta una característica jocosa, casi como una burla .

Como dice Pablo Antonio en su obra El Nicaragüense: “La burla es el elemento educador creado por nuestra literatura popular, el arma para dar en el blanco de la moraleja”. Pareciera que la impuntualidad para los nicas es una forma de burlarse del tiempo.

Esta burla al tiempo se ha generalizado tanto que lo hace desde el Presidente de la República, cualquiera de sus ministros y hasta un funcionario de tercera categoría. Lo hacen empresarios, académicos, conferencistas, estudiantes, en fin todo ese inmenso universo de personas que han caído en la jerga cotidiana e inexcusable de “la hora nica”.

La investigación de la revista reflejaba, la cantidad de eventos como seminarios, talleres, conferencias, clases, foros, etc. que comienzan media y hasta una hora tarde porque los expositores no han llegado o bien los invitados. ¿Cuánto dinero realmente pierde Nicaragua por la impuntualidad de sus hijos?

Con algunas salvedades como las tandas del cine, los vuelos aéreos, los oficios religiosos y alguna que otra materia en las aulas de clase por la necedad de un profesor exigente, la mayor parte de las actividades en nuestro país están siendo boicoteadas por la irresponsabilidad, y a veces la arrogancia que algunos tratan de legitimar con el ya conocido e injustificable slogan de “la hora nica”.

Por todo lo anterior y ante el temor que esta epidemia se continúe transmitiendo impunemente a las futuras generaciones se hace necesario una campaña de carácter nacional que inicie en las escuelas, pasando por toda la burocracia estatal, la empresa privada, los sectores académicos y otros afectados por el mal, para tratar de superar esta desafortunada y nociva costumbre.

En este sentido ya se han expresado voces en el Colegio Nacional de Periodistas a fin de que sea este gremio que dé el ejemplo para no continuar cargando con el peso de que las actividades periodísticas comienzan tarde porque los periodistas son impuntuales, lo cual resulta verdadero en la mayoría de los casos, actitud sin embargo que puede superarse mediante la decisión y el compromiso.

No es meritorio pensar que cuando hablamos de “la hora nica” es parte de la forma de ser del nicaragüense, como una forma más de burlarse esta vez del tiempo, o un chispazo más de su ingenio, porque bien decía el mismo Pablo Antonio: “¡Muchas generaciones nicaragüenses se han perdido y muchas ocasiones históricas se han desperdiciado porque el chispero se ha burlado de la hoguera!”

El autor es periodista y catedrático universitario.

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