Carlos Denton
Durante muchos años se ha cobrado 20 dólares a cada nicaragüense que desea viajar a Costa Rica, un cobro unilateral que no fue aplicado por el Gobierno del país vecino a los costarricenses. Cualquier protesta por el cobro se quedaba sin respuesta —era, al final de cuentas, una muestra de un prejuicio de los costarricenses contra los nicaragüenses.
Ese cobro no tenía y no tiene razón de ser —no sirvió para seleccionar algunos nicaragüenses para ser o no ser aptos para viajar a Costa Rica. Tampoco sirvió para recaudar fondos para el fisco costarricense— el dinero recaudado iba para salarios para funcionarios en el Consulado en Managua o para gastos de esa operación en general.
En fin, el cobro de los 20 dólares a los nicaragüenses de parte del Gobierno de Costa Rica ha sido simbólico, fundamentado en una xenofobia latente y que no ha servido los intereses ni de costarricense ni de nicaragüense.
Ahora, y con toda la razón, el Gobierno de Nicaragua ha sido recíproco, cobrando 25 dólares a cada costarricense que quiere visitar al país del norte. Los nicaragüenses están aplicando todos los mismos procedimientos a los ticos, que los últimos a los primeros. Incluso lo han hecho un poco peor, porque el trámite en el Consulado de Nicaragua de San José está durando seis a siete horas en un ambiente de largas colas, falta de servicios sanitarios, suciedad, y hacinamiento en general.
Igual que los costarricenses, los nicaragüenses exigen una visa por cada visita —no dan visa de entrada múltiple—. Entonces el trámite es uno que el empresario costarricense con inversiones en Nicaragua tendrá que repetir cada vez que desea visitar al país del norte.
Para los costarricenses el problema es que se usa una página del pasaporte cada vez que se viaja a Nicaragua —aligera la llenada del documento de viaje— y provoca la necesidad de conseguir uno nuevo. Los pobres viajeros frecuentes costarricenses, entonces, tienen que asistir a las oficinas de Migración en La Uruca, donde el trámite es tan largo, ineficiente e incómodo como es el de la visa en el Consulado de Nicaragua en Costa Rica. La ironía es que la obtención de un pasaporte sí es trámite personal.
Afortunadamente ninguno de los dos países exige que el trámite sea personal, pero este hecho es una prueba más de que el trámite no tiene nada que ver con lo que es internacionalmente una “visa”.
El autor de esta columna consultó a las autoridades costarricenses en Managua sobre el tiempo que toma para obtener una visa de 20 dólares en el Consulado de Costa Rica y aparentemente los ticos, por el momento, son más eficientes en el trámite —dura un promedio de 90 minutos—. Después de tantos años de imponer una visa a los nicaragüenses, tendrían que ser más adeptos los ticos en esta tramitología que sus homólogos en el Consulado de Nicaragua en San José que dura siete horas.
¿Cómo es posible que en el siglo XXI pueda existir una situación de este tipo? Solamente puede ser posible cuando existe una falta de visión e incapacidad entre dos vecinos para buscar juntos soluciones a los problemas.
El autor es costarricense, Gerente General de la CID/Gallup para Centroamérica y el Caribe.