Fulvio Tijerino Pérez
Disertar y emitir criterios sobre cuál de los dos sistemas de gobierno, parlamentarismo o presidencialismo, es el más apropiado para aplicarse en nuestra Nicaragua, es un tema muy polémico.
Sobre el parlamentarismo se habla de experiencias europeas y latinoamericanas; algunas exitosas y otras como de evidentes fracasos. Pero todos han llegado a la conclusión de que tanto el sistema presidencialista como el parlamentario, bien aplicados, son sistemas de gobiernos democráticos que pueden servir para conducir un pueblo por la vía de la paz y el progreso.
Sin desestimar las experiencias vividas en otros países, los nicaragüenses debemos estar conscientes de que para evolucionar políticamente a un sistema parlamentarista o semiparlamentarista, habremos de demostrar que somos capaces de organizar y dirigir con éxito nuestro actual sistema presidencialista.
Es evidente que nuestros actuales dirigentes partidistas son los prototipos más significativos de una degradante cultura política y causantes del fracasado proyecto revolucionario de la década del ochenta. Fue durante ese período que se experimentó con un sistema semiparlamentarista y los resultados son una muestra palpable de que los nicaragüenses no tenemos la educación y la cultura política para evolucionar a ese avanzado sistema político.
La intención de los danielistas al proponer un sistema parlamentarista es obtener cuotas de poder que les permitan proteger su “botín de guerra” y continuar gobernando desde abajo. De esa forma también mantienen viva su imagen de revolucionarios para expiar sus culpas ante el pueblo por el fracaso del proyecto político que ellos abortaron.
Lo indicado actualmente, es crear las condiciones apropiadas para instaurar un sistema de gobierno pluripartidista que erradique los antagonismo partidistas y permita el ejercicio del pluralismo político que sustenta nuestra Constitución Política. Solo así estaremos avanzando políticamente y podrá llegar la oportunidad de evolucionar a un sistema parlamentarista.