José Vanegas
Es una dicha que Dios haya desviado el huracán Beta. De esta manera no hay que lamentar muertes y daños materiales, los cuales son muy temidos. Igualmente nos libramos de daños posteriores que hubiera causado el robo de la ayuda que en ese caso nos hubieran donado.
Como todos en Nicaragua sabemos, estos desastres representan un gran negocio para quienes se “encargan de manejar la ayuda”. ¿Se imaginan a los 92, encabezados por Quiñónez, haciendo un festín con la ayuda? Dios ha sido generoso con Nicaragua. Nos salvamos del huracán y también de la rapiña de los políticos depredadores.