Hasta luego Dr. Frixione…

Gustavo Soto García

Ha partido mi gran amigo el doctor Enrique Frixione Saravia, mi urólogo, mi confidente, mi correligionario, un gran profesional, pero también alguien de quien recibí un trato paternal, así lo siento, como la canción de Piero. Lo conocí hace 29 años cuando era el jefe de los médicos residentes en el Hospital Occidental. Yo era el portero del área de emergencia y empezaba a estudiar mi primer año de universidad. Cuando el doctor Frixione se movía de una sala a otra, sin verlo sabíamos que era él, por el tono fuerte de su voz, tardándose en moverse de un lado a otro, haciendo estaciones, saludando tanto al personal como a enfermos o atendiendo una consulta de sus subalternos en medio de los pasillos. Como yo no podía escupir en rueda, siendo un insignificante empleado, sólo observaba cuando nuestro galeno hacia la gestión a favor de un paciente, eso se llama entrega personal.

Somos una sociedad anónima, indiferente, donde no es novedad alguien que nace o muere, la vida sigue igual como la canción. Pero quiero llamar la atención por la pérdida de alguien muy especial, el doctor Enrique Frixione Saravia. Siempre he destacado lo bueno o virtuoso de una persona, el lado humano, el área mucha veces oculta, resaltar la gran valía y personalidad de este hombre, ignorado por algunos pero que benefició a muchos, con su talento profesional y su compasión por los demás.

Consternado por su partida el 20 de agosto pasado, me siento en la obligación de hacerle un pequeño tributo y basarme en la siguiente afirmación: en la vida llegamos a tener muchos conocidos, pero amigos de verdad, muy pocos. El doctor Frixione fue un amigo ejemplar, se entregó a su noble profesión sin esperar nada a cambio, sin “alardear” de su capacidad, siempre tuvo una actitud humilde, sin mareos o vértigos para ostentar un cargo público de relevancia en su campo.

Fanático de la política nacional, liberal hasta los tuétanos, de un gran humor, lector de los artículos de negocios, asiduo televidente de los noticieros internacionales, hablaba inglés perfectamente y se sentía orgulloso de su familia, de su esposa doña Helen, de quien reiteradas veces me decía: “mi esposa es una enfermera brillante”, de sus hijos y nietos contaba lo ejemplares que eran, ya no se diga de sus otras actividades; soñaba con ser un pequeño ganadero, y recientemente había comprado un tractor Belarus, parecía un niño con un juguete nuevo.

Coincidíamos siempre en que Nicaragua necesita políticos limpios, abnegados y con mística propia y que el modelo de nuestro país, debía ser un Estado basado en políticas de soporte para una clase media como en EE.UU., lamentándose que el actual sistema estaba viciado, que sólo beneficiaba a unos pocos, mientras en el extremo los pobres tendía a aumentar.

Por su salud decía estaba bien, pero algo le inquietaba, creo que era Nicaragua, la amaba, fue un gran nacionalista e insistía que otros países nos envidiarían por los recursos que tenemos, nuestras bellezas naturales. El doctor Frixione me parece no terminó su tarea aquí en la tierra, acepté la voluntad del Señor al llevárselo, pero en mis adentros casi le razoné mi protesta. Sin blasfemar pensaba: Dios mío, si el doctor Frixione no cumplió sus sueños ¿por qué no le das permiso para que guíe a otras personas a realizarlo? Ojalá me haya escuchado.

Espero que el Señor y nuestra Madre Santísima lo tengan en buena gloria. En estas noches, en mis ratos de oración le envié un correo a mi amigo y le dije: Doctor, no se ponga triste porque nos dejó, recuerde que esta vida es efímera, nosotros le seguiremos, pero háganos un favor, como hay mucha gente que se ha ido guárdenos un lugarcito en el Cielo. Por eso no le dije adiós, sino hasta luego. Lo recordamos y le queremos, su familia y los amigos de siempre, cuídese doctor Frixione, mi viejo, mi querido viejo.

El autor es sociólogo y administrador de empresas.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí