Hugo Vélez Astacio
“Si callo muero.
Pero habiendo hablado
Si me muero, no callo”.
Henry Barbusse.
Es deber ineludible luchar para que prevalezca la justicia. El imperio de un Estado de Derecho es de gran trascendencia y vital en la relación de la mayoría de los aspectos, laborales, económicos o sociales. Es por ello que en las sociedades modernas y democráticas se invierten grandes recursos en la educación, para forjar hombres honorables que al transcurrir de muchos años estén revestidos de un actuar ético, capaces para la interpretación de las leyes e impartir la justicia con ecuanimidad, transparencia, idoneidad e incorruptibilidad.
La justicia es pilar fundamental en una sociedad democrática. En su primera etapa del proceso hacia la reivindicación de los derechos fundamentales de la humanidad, Robespierre afirmó que “el pueblo no pide sino lo necesario, no quiere más que justicia y tranquilidad”, y es que el Estado monárquico no los garantizaba porque “los políticos y los corruptos eran perversos y crueles, cuyos éxitos serían pasajeros como la mentira”.
En Nicaragua, el Poder Judicial ha sido desde hace mucho tiempo cuestionado por incapacidad, actos amorales y corrupción. Las últimas acciones judiciales denunciadas y vinculadas al narco internacional, involucrados jueces y magistrados de la Corte Suprema de Justicia, hacen expresar que en ellos prevalecen muchos que no sólo son hipócritas, por sus sentencias marcadas de claro interés partidario a los caudillos del pacto, sino también tienen mucho de perversos y crueles. ¿Tanto hemos retrocedido? ¿Es la solución, un corte a la Corte Suprema de Justicia?
LA PRENSA, por su modestia y pulcritud en el uso del lenguaje para transmitir una denuncia de un acto de corrupción de esa magnitud y por los personajes involucrados, tituló: Presidente CSJ “goleado”. Pero yo apelo con este escrito de opinión, en correspondencia al lema de estar “Al Servicio de la Verdad y la Justicia”, a publicarlo con el lenguaje del pueblo, claro, llano y directo, y no figurado y con sentido de deportivo como si la cosa es juego. Cabe decirlo en ese mismo lenguaje en que el pueblo se mantiene informado con el beneficio de la objetividad que caracteriza a LA PRENSA, y que por tal hecho la ciudadanía le retribuye al tenerle como la institución nicaragüenses de más la alta credibilidad.
Es por eso que debe decírsele a los políticos y a los jueces y magistrados del Poder Judicial, a esos mismos que el titular del Poder Ejecutivo desconoce por ser ellos un arma e instrumento de acoso político al servicio del poder de Daniel Ortega, para reinstaurar la dictadura que prevaleció en la gran noche oscura, que el pueblo sabe y entiende que ellos no sólo son hipócritas al decir que sus sentencias son legales porque se ajustan a derecho, sino que son además una corte de políticos corruptos, perversos y crueles, que se pretenden esconder bajo la sombra extendida de una toga.
Debemos tener siempre presente que cuando la verdad se impone, la libertad de prensa no puede sufrir ninguna restricción, ningún límite. Ella debe ser entera y no puede limitarse o no existe. Un nuevo mal agobia a los nicaragüenses, y se suma a las calamidades y vejámenes que nos provocan los políticos sostenedores del pacto. El cártel de Ortega y Borge de esto saben mucho, sólo basta recordar el caso del aeropuerto de Los Brasiles. El germen, poder y tentáculos del narco ha tocado, o lo conocemos hasta ahora, a la jefatura de la Corte del poder judicial. Es responsabilidad combatir que no se entronice como narcosistema judicial, y para ello debemos hablar claro y no callar. ¡Qué horror de Poder Judicial!
El autor es administrador de empresas.