Guillermo Cárdenas Montalván
Muchos seguidores del desgastado partido frente Sandinista, están apostando a que Nicaragua se unirá al fenómeno de victorias de la izquierda en el sur del continente, después de ganar el señor Daniel Ortega las elecciones de noviembre del 2006.
Hay que analizar detenidamente cómo estas izquierdas han llegado al poder en países como Venezuela, Ecuador y Brasil. Cada uno de estos países ha presentado situaciones diferentes, desde intereses económicos en Venezuela, pasando por las esperanzas de cambio en Ecuador y terminando con una izquierda democrática financiada por el capitalismo en Brasil.
Todo ese contexto sudamericano es completamente diferente al centroamericano. Empezando por el Salvador, el FMLN no ha podido lograr resultados satisfactorios y, peor aun, es un partido al que actualmente se le han desertado figuras importantes por la forma ortodoxa de dirección de sus líderes, atentando esto con el peligro latente de perder la credibilidad entre sus seguidores. En este sentido, Nicaragua no dista mucho de El Salvador. La izquierda partidaria del Frente Sandinista ha tenido que recurrir a las artimañas, negociaciones y manipulación para lograr resultados que se le ha hecho imposibles alcanzar a través del voto democrático, producto del aprovechamiento de la división de la derecha por falta de entendimiento entre los líderes.
El escenario para el Frente Sandinista será el mismo, democráticamente no han desarrollado capacidad de convencimiento. Mientras en Brasil Lula era capaz de armar una izquierda nacionalista y Chávez lograba convencer a los empresarios venezolanos, en Nicaragua la división de ideologías es más frecuente; en tanto Lula y Chávez presentaban programas de desarrollo, Ortega presenta confrontación, odio y diferencias de clases.
Ortega se aprovecha de las condiciones humildes de los nicaragüenses al crearles resentimientos y ensañándolos contra los hermanos que se encuentran en mejor situación. Esta forma de dirigir sus pretensiones partidarias establece esa división entre nicaragüenses y atenta contra la estabilidad familiar. En un grito de desesperación, Ortega propone adelantar las elecciones, lo que hace evidente su consternación por la idea que en el transcurso del tiempo los aspirantes a la Presidencia por la derecha depongan sus intereses personales y se unan para derrotar a una izquierda que se burla de sus seguidores y que los utiliza para defender los intereses de la cúpula partidaria sandinista.
El tiempo se acorta, algo huele el líder sandinista que le da mucho temor y pide adelantar las elecciones. ¿Será que le soplaron que la derecha se está amarrando? Con el doctor Alemán moviéndose por Managua, las negociaciones entre líderes de derecha serán más francas y provechosas.
El autor es economista.