¿En quién confiar para votar por él?

Mauricio B. Blandón [email protected]

Hay quienes dicen que Eduardo Montealegre es un creído, un aristócrata. Otros corren los rumores de que es un hombre demasiado serio, estirado. ¿Tiene todo esto algo que ver con su capacidad de gobernar al país? Desde luego que no: son trucos de quienes se han atrincherado para defender el status quo de la política del pacto y preparan ciegamente la guerra de las exclusiones y persecuciones desde instituciones corruptas, incluso a sabiendas de la masiva oposición del pueblo y su repudio a la ilegitimidad en que se mueven.

Lo que no dicen es que Eduardo Montealegre representa la esencia del liberalismo. Los verdaderamente liberales creemos en el sentido común y la conciencia del pueblo para escoger su destino. La política está para derribar obstáculos y crear condiciones; en cambio los pactistas pretenden decidir cómo debemos vivir nuestra vida. Ese período negro de la historia nicaragüense ya quedó en el pasado y no volverá jamás. La responsabilidad personal nunca puede suplantarse con decisiones políticas antojadizas.

Por ello, Eduardo Montealegre nos recuerda que nuestra tarea no es representar grupos o intereses particulares. En su lugar, debemos respaldar a todos los ciudadanos, en contraste con quienes se consideran “miembros de la clase política” para defender tal o cual grupo social o individuo en particular. ¿Por qué? Porque la visión social del liberalismo se basa en tres conceptos fundamentales: libertad individual, libertad material y solidaridad.

Es evidente que Eduardo Montealegre es un viento renovador que sacude el entramado político del país. Una persona sincera, honesta e íntegra que se ha mantenido fiel a sus principios; un hombre con una capacidad de trabajo extraordinaria, lo que ha demostrado en los diferentes cargos privados y públicos que ha ocupado a lo largo de su carrera. Igualmente, está compenetrado con la problemática nacional y tiene una preparación académica estupenda. Él representa un nuevo estilo de liderazgo: ha dejado posiciones cómodas para estar al lado de su pueblo, luchando desinteresadamente por Nicaragua y logrando despertar el entusiasmo y la esperanza de la población.

Basta ver cómo lo recibe el pueblo en cada rincón del país: niños, mujeres y hombres, ricos y pobres, con un mejor mañana reflejado en sus ojos, apoyando la opción modernizante y renovadora que dará respeto e integridad a las instituciones democráticas que son los pilares del desarrollo sostenible y con rostro humano. Sí, porque un desarrollo con justicia social es la meta de Eduardo Montealegre.

¿En quién otro podría yo depositar mi confianza y mi voto para ocupar la Presidencia de Nicaragua?

El autor es Economista.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí