Una cumbre sin visión

José Leopoldo Decamilli*[email protected]

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Una cumbre sin visión


José Leopoldo Decamilli*
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Es comprensible el júbilo de los diplomáticos cubanos que sirven con sus repulsivos corcovos a las vesánicas determinaciones del dictador de Cuba. Merced a la benevolente asistencia del Gobierno español consiguieron que se incluyeran en las resoluciones de la XV reunión de la Comunidad Iberoamericana la condena del embargo norteamericano (en el texto de la Declaración Final se emplea incluso la terminología cubana, el “bloqueo”) y se pide la extradición de Luis Posada Carriles. De este modo, y movido seguramente por alguna afinidad ideológica, el Gobierno español continúa con su política de solícito servicio a Fidel Castro y a Hugo Chávez, y de confrontación con los Estados Unidos. Y lo hace a pesar de que el Gobierno cubano se negó a apoyar en su hora, con su firma, la condena de la banda terrorista vasca ETA. Tanto Cuba como Venezuela acogen además con beneplácito la manifestación de apoyo patrocinada por las bandas criminales del país vasco.

Incomprensible es igualmente que los presidentes de los gobiernos democráticos de Hispanoamérica se hayan plegado a esta instrumentalización de la cumbre iberoamericana, soslayando problemas mucho más fundamentales.

En relación a Cuba, está fuera de toda duda que el problema cardinal de esa nación hermana reside en la subsistencia del régimen totalitario cubano que, desde hace casi medio siglo, quebranta sistemáticamente, descaradamente, violentamente, los principios básicos de toda convivencia civilizada, el respeto a los derechos humanos, el Estado de Derecho y los convenios internacionales. En realidad Cuba no debería figurar entre los participantes de una cumbre de países democráticos. La condena de los presidentes hispanoamericanos debería haber comenzado por allí, exigiendo al régimen castrista que abra las puertas de su campo de concentración y que restituya a los cubanos su dignidad de seres humanos libres y pensantes.

El embargo norteamericano es, como se sabe, una consecuencia de la pervivencia de ese monstruoso monumento a la inhumanidad que es el castrismo. Se podrá discutir si tal medida es eficiente; si es el más adecuado instrumento para conseguir la liberación de Cuba. De hecho Castro ha recurrido al embargo para justificar la miseria que reina en Cuba, exonerando así a la desastrosa política económica del Gobierno, a la que obstinadamente sigue aferrándose.

Los participantes en la cumbre de la Comunidad Iberoamericana tienen a mi juicio problemas mucho más agudos que el embargo norteamericano a Cuba: afrontar con decisión los ingentes problemas del hambre y de la miseria; consolidar el respeto a los derechos humanos; fortalecer las instituciones y los valores del Estado democrático. En este plano es urgente levantar preventivamente barreras que impidan que el bacilo totalitario se propague a otras latitudes del subcontinente, alimentados por el petróleo procedente de Venezuela. Hay que insuflar vitalidad a la Carta Democrática para que se convierta en una eficaz herramienta de combate de todos los regímenes opresivos, de izquierda o de derecha. La legitimidad de origen del poder es importante, pero mucho más lo es la política real que los gobernantes desarrollan, esto es una política respetuosa de los derechos humanos, erradicador del flagelo de la corrupción y orientador de la economía hacia la satisfacción de las necesidades básicas de la población.

* El autor es profesor universitario en Berlín

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