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Son incontables los daños causados en Houston por los batazos de Paul Konerko y Scott Podsednik, mientras los brazos de dos estupendos relevistas, Chad Qualls y Brad Lidge, giran en el ojo de un huracán.
Ganaron los Medias Blancas 7-6 un partido difícil de resumir y más difícil de asimilar. Otra historia increíble que el beisbol produce con una facilidad llamativa, y explica su grandiosidad como deporte.
Ahora la Serie Mundial está 2-0 a favor de Chicago y los Astros necesitan recargar sus baterías, después que la tropa de Ozzie Guillén arrebató espectacularmente un partido que perdía 4-2 y su capacidad de recuperación permanecía oculta frente a la desesperación de la multitud.
Como diría el poeta: del abismo se levanta la queja amarga y sonora del relevista Chad Qualls, estremecido por el impacto que provocó el swing de Konerko con bases llenas en el cierre del séptimo, obligándolo a retorcer su cuello, para seguir el vuelo majestuoso de la pelota que cayó en las tribunas del jardín izquierdo.
El batazo soñado: jonrón con bases llenas volteando la pizarra. Ganaban los Astros 4-2 cabalgando sobre el efectivo pitcheo que Andy Pettitte estaba realizando cuando de pronto se vieron atrás 6-4 con su inspiración aparentemente embotellada.
Los Astros se salieron del ataúd golpeando en la mandíbula al verdugo de la noche anterior Bobby Jenks, con un hit del emergente José Vizcaíno sobre el primer envío, impulsando a Jeff Bagwell y Chris Burke, forzando empate 6-6 que rompió corazones en Chicago.
Ozzie Guillén no lo podía creer. Chicago estaba a un out de la victoria, y la presencia de dos hombres circulando por hit y pasaporte, no parecía ser preocupante. Pero Vizcaíno, fue encima de una bola de humo de Jenks y la conectó hacia el jardín izquierdo empatando por tercera vez el juego.
Y en el cierre del noveno, con el temible Lidge en la colina y un out, Podsednik pareció una fotocopia de Bucky Dent, o Joe Carter, o más apropiadamente, de Alberto Pujols, y con su jonrón sobre la pared del jardín central, dijo ¡basta ya!, a la lluvia, al suspenso, a la desesperación, y colocó a los Medias Blancas en ruta hacia su primer banderín de Serie Mundial después de 87 años de sequía.
LA PROGRESIÓN
Morgan Ensberg jonroneó en el inicio del segundo y Houston se fue arriba temprano 1-0.
La respuesta de Chicago fue inmediata en el cierre. Aaron Rowand, A. J. Pierzynski y Joe Crede, conectaron hits consecutivos para empatar el juego, y Biggio botó una pelota fildeando hacia atrás para facilitar otra carrera. La pizarra se volteó 2-1
Con un out en el inicio del tercero, ese diablo en las bases que es Willy Taveras, conectó un triple y anotó cómodamente con un elevado lo suficientemente distante de Lance Berkman, equilibrando el juego 2-2.
En el quinto, los Astros agredieron a Buehrle con dos carreras impulsadas por Lance Berkman, y parecieron adueñarse de las riendas del partido con ventaja de 4-2.
No fue así. La victoria fue para Neal Cotts y la derrota para Brad Lidge, los relevistas que cerraron el juego.