Magdalena Úbeda de Rodríguez*[email protected]
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El Baile de Negras de Masaya
Magdalena Úbeda de Rodríguez*
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Masaya sin duda es la ciudad de Nicaragua que más auténticamente guarda y cultiva la identidad nacional, y la guarda con la naturalidad propia de quien la vive. Así son las festividades de San Jerónimo Doctor, Santo Patrono de Masaya, a quien se tributa la fiesta más larga del mundo (60 días).
Sin embargo se celebra este baile en los propios días de las festividades jerónimas. Esta negativa en el concepto de no integrarse el Baile de Negras a las honras religiosas da pábulo a que la imaginación elucubre, si fuera en su momento ancestral una oposición pagana, pagana, por no católica, de nuestros indígenas a la religión impuesta por los españoles. Porque no se valora hoy en día como sincretismo. Llamarse Baile de Negras cuando en realidad no son negros quienes danzan, tampoco son mujeres, sino varones quienes lo ejecutan; hombres vestidos de mujer, en cuyo atuendo se mezclan elementos aborígenes y españoles. El abanico de plumas, el pasito corto y modoso del hombre que burla burlando hace de mujer, pudo ser en su origen algo como una derivación satirezca del güegüense, padre y maestro de la resistencia cultural contra las autoridades españolas. Todo esto hay que pensarlo y definirlo, si se pudiera, mientras se asiste al ensayo del Baile de Negras, porque en el “ensayo” los hombres van de cara descubierta, pantalón azul, cotona blanca, sombrero aludo, un listón azul que tensa su brazo izquierdo a la bolsa del pantalón y en la mano derecha el implacable abanico con el que simulan todos los movimientos aleves del coqueteo femenino.
Me figuro que al eludir la máscara en el “ensayo”, la cual sí será usada durante los paseos por las calles y en las casas donde son recibidos y obsequiados con brindis y viandas, tanto las negras como su comitiva, es un desafío a la posible crítica, a la murmuración sobre el dudar de la virilidad del bailante; es como la afirmación de la masculinidad. Es tiempo de ahondar en el sentido mítico de esta tradición. Los masayas viven sus ritos, los conservan y cultivan. Felices masayenses que lo tiene todo: poetas, escritores, juristas, cantores, bailarines, la cocina y la dulcería más rica y variada del país y hasta un Presidente honesto y una Primera Dama irrepetible, raras avís en nuestro solar patrio.
Los Vega Matus llenaron con sus valses muchos años de dos siglos, cuando no habíamos sido invadidos por las estridencias de la música ajena que invita a la contorsión grotesca de los cuerpos de nuestra desolada juventud. El Instituto de Cultura está empeñado en grabar un disco con sones pascuales, donde se oirán villancicos vocalizados por el coro y ejecutados por la Orquesta Nacional. El disco será un obsequio a todos los órganos del Estado, confiados en que esta Navidad la música de Vega Matus se oiga en los hogares de los servidores públicos, y que sea la recuperación de la identidad nacional en vías de extinción, para nuestro mal.
* La autora es directora del INC