Pasifae

Luis Sánchez Sancho

Un amable lector de LA PRENSA y de esta columna semanal de los viernes, me llamó para advertirme que en el artículo de la semana pasada mencioné el castigo que se le impuso a Dédalo por haber propiciado la anormal unión sexual de Pasifae con un toro, de la cual nació el monstruoso Minotauro, pero no indiqué lo que pasó con ella. Y además me dijo el lector que sobre el origen de Pasifae había leído una versión distinta a la que yo relaté la semana pasada.

Comenzando por lo último, es cierto que hay distintas versiones sobre el mito de Pasifae. De hecho, casi todos los mitos tienen varias versiones, lo que se explica porque fueron transmitidos de generación en generación, en forma oral, y con cada tiempo y lugar se les fueron agregando detalles y haciendo interpretaciones diferentes.

En lo que a mí respecta, lo que hago es escoger la versión más popular, difundida o conocida, o la que más me gusta o me parece más apropiada.

Sobre Pasifae, que significa en griego “la que brilla para todos» y es uno de los nombres que le daban a la Luna, la versión más común es que era hija de Helio (el dios del sol astral, no del dios simbólico que es Apolo) y de la ninfa Creta también conocida como Perseis. Pasifae fue criada y educada como una princesa en Colquis o Cólquide (el actual Cáucaso) y cuando llegó a la edad núbil la dieron como esposa a Minos, el legendario rey de Creta.

El rey Minos tenía con Poseidón, el dios de los mares, la promesa que cumplía anualmente de sacrificar en su honor al mejor de los toros de sus extensos hatos. Y en un año en que el turno del sacrificio le correspondía a un hermosísimo toro blanco que era el orgullo de Minos, éste no quiso sacrificarlo y en su lugar mató al animal que le seguía en calidad.

Pero esto provocó la ira de Poseidón, quien maldijo a Minos y le causó posteriormente grandes desgracias. Una de ellas fue hacer que su esposa, la reina Pasifae, fuera dominada por un irrefrenable impulso de tener relaciones sexuales con un toro. Entonces ella pidió ayuda a Dédalo, quien le construyó una hermosa vaca de madera, hueca y cubierta con piel natural de vacuno, tan perfecta que parecía real. Se introdujo en ella Pasifae y fue llevada al lugar donde pastaba el hermoso toro de Minos, el que en cuanto la vio se le juntó y la cubrió quedando la reina embarazada y pariendo luego al monstruoso Minotauro.

Avergonzado por la afrenta de que su mujer le había puesto literalmente los cachos, Minos pidió a Dédalo que construyese un singular palacio en el que pudiera permanecer oculto para siempre y del que una vez dentro nadie pudiese salir. Y así fue que Dédalo construyó, en Knosos, el famoso Laberinto de Creta. Después, al saber Minos que Dédalo fue quien hizo la vaca que usó Pasifae para unirse con el toro, los castigó a ambos recluyéndolos en lo más recóndito del Laberinto, pero en lugares separados. Pero Dédalo escapó gracias a la estratagema de las alas que pegó con cera a sus espaldas, mientras que Pasifae quedó prisionera para siempre en el Laberinto.

Andando el tiempo Pasifae fue adorada como diosa oracular en Talames, cerca de Esparta, y allí llegaban los éforos (magistrados) espartanos a dormir para experimentar los sueños proféticos que los ayudaba a gobernar.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí