Guillermo Rothschuh Tablada
Pareciera que la función de observador es la más fácil o la menos riesgosa entre las actividades de una contienda electoral. Posiblemente en su origen hubo una especie de temor o vacilación en nominar a personajes que ante críticas circunstancias, tomaran una actitud más beligerante. Ahora vemos en los diarios que la OEA se ha pasado muchos meses llevando y trayendo observadores sin obtener soluciones concretas: viene Insulsa-vuelve Caputo, Caputo está acá e Insulsa da declaraciones desde allá.
A veces se invoca injerencismo y otras la poca voluntad de los contenedores. Nunca Nicaragua había tenido tantos observadores como en las elecciones de 1990, tantos que por acá, en Juigalpa, pasaron por decenas y dispuestos a desplazarse hasta las profundidades de nuestras comarcas. Sin embargo, las razones vistas y analizadas después fueron obvias: los observadores internacionales creían que el partido de Gobierno —o el gobierno revolucionario— iba a ser el vencedor. Algo más, a la hora de las componendas el brasileño Joao Baena Soares y el norteamericano Jimmy Carter, hasta hicieron proposiciones que aquí no voy a repetir, para declarar nulas las elecciones. Acá mismo, en Juigalpa, conversé con muchos observadores y todas las preguntas venían envueltas en una segura capa de triunfo para el candidato en el poder.
Posiciones posteriores de Carter nos han ratificado que el funcionario en cuestión todavía no ha salido de la Casa Blanca y sus estrategias imperialistas siguen campantes. Ahora el tiempo no ha pasado en balde. Y el Grupo Cívico Ética y Transparencia se rebela dentro de nuevos parámetros que echan por tierra a las viejas concepciones electorales. Hoy Ética y Transparencia cuestiona el Consejo Electoral. El ingeniero Pablo Ayón propone cambios sustanciales en las estructuras del Consejo y el doctor Roberto Courtney más de una vez ha dado a los reporteros sus puntos de vista, que van más allá de la retina del observador tradicional.
Bienvenidos sean, pues, quienes diseñarán y echarán a andar un nuevo modelo de observación —novedoso y justo— no suplantar a los fiscales de los partidos políticos y menos interrumpir las decisiones de los receptores de votos. En Juigalpa —izando la bandera de la neutralidad— hemos conformado junto a la licenciada Suárez Martínez una red tan eficaz que en las elecciones del noventa ocupamos un segundo lugar después del de la capital, ahora queremos reforzarla de manera que el conteo rápido no sea sólo una expectativa sino una realidad.
En el Diario LA PRENSA del 29 de septiembre salió publicado un ensayo del doctor Sergio Ramírez La estaca en el corazón, el que perfectamente podría servirnos de documento de trabajo. Sergio nos recuerda las tragicomedias de las elecciones pasadas, cuando el somocismo tuvo por presidente del Consejo Electoral al doctor Modesto Salmerón, un verdadero malabarista y de tan frío cinismo que no le importaba conmutar las cifras de una orilla, en otras palabras, que en el conteo final el vencedor resultara perdedor y el perdedor vencedor. Era cuestión de cambiar las cifras nada más.
¿Será el doctor Roberto Rivas Reyes el Salmerón contemporáneo?
El autor es escritor.