Herencia incierta

Silvestre Blandón Astorga [email protected]

El presidente Bolaños tiene mucha razón. el 10 de octubre del 2005 podría ser un día memorable para Nicaragua, principalmente por la posibilidad en marcar el inicio de una serie de cambios fundamentales para el desarrollo de la nación. Sin embargo, sin ánimo de restar méritos a los acuerdos alcanzados quedan nubes grises en el horizonte.

La estrategia del sandinismo ha demostrado ser muy hábil, avanza, toma posiciones, se atrinchera, paraliza el país con asonadas y acuerdos secretos y luego cuando todo está casi a reventar cede el excedente de lo que conquistó, quedándose con la mayor parte del botín político. Esto de manera cíclica y sistemática le ha permitido irse alzando con casi todo el poder real, tanto activo como efectivo, ya que tiene en sus manos el mecanismo que controla la mayor parte de las instituciones del Estado.

Al final, la política trata de eso, del control del poder, si bien se supone que el uso de ese poder sea para beneficio del pueblo y justamente el sandinismo ha demostrado que el pueblo sólo le interesa como materia prima de sus arengas políticas. Ya que si el pueblo le interesara no obstaculizaría su bienestar a cambio de construir plataformas de lucha basadas en el engaño y la confusión.

La existencia de la oposición es necesaria y saludable para toda democracia, siempre y cuando desempeñe un papel responsable y sus acciones no sean eminentemente orientadas a ganar simpatías a cualquier costo. Cuando priva el interés por el beneficio de la nación sobran las palabras al igual que un buen fruto identifica la calidad del árbol que los produce.

Es conveniente que en Nicaragua se aprenda a convivir, el sol sale para todos guste o no y la prontitud con que se alcance la armonía generada por la convivencia pacífica será punto determinante para alcanzar el desarrollo que este país merece tener.

Pero creer que todo esto pueda venir a consecuencia de un rocío divino que transforme los corazones no deja de ser un enfoque romántico. Hasta hoy, en este país las victorias se han conseguido a costa de grandes esfuerzos. Es por ello que no puede ignorarse y menos olvidarse la lucha que han desarrollado organizaciones como la Red por Nicaragua, entre otras, que no son otra cosa que el aglutinante de la decepción acumulada y a la vez la esperanza de este pueblo y unida a ellas todos los esfuerzos conjuntos que han permitido negociaciones positivas.

Sin ánimo de ser pesimista cabe preguntarse: ¿Acaso sería la primera vez que el sandinismo promete y no cumple? Todo depende de la conveniencia que ellos vean.

Además, es difícil evitar pensar si el Presidente no estará comprando cara la tranquilidad de su fin de gobierno. Bien lo manifestó Eduardo Montealegre, el punto no era posponer las reformas constitucionales sino anularlas, ya que las mismas pasarían al nuevo gobierno como una más de las ya pesadas cadenas que ha impuesto el poder de facto sandinista al pueblo de Nicaragua.

Muchos han esperado que el Presidente cierre los poderes del Estado para imponer orden al caos. Esto es una decisión difícil de inciertas consecuencias y los acuerdos del 10-10 alejan mucho esta posibilidad. Aunque la intención y el esfuerzo del presidente Bolaños estén saturados de las mejores intenciones, su herencia política puede ser tan buena o mala dependiendo del desarrollo de los acontecimientos venideros.

Si bien un punto clave para resolver la problemática política, como muy bien lo expresó el ingeniero Ernesto Leal, Secretario de la Presidencia de la República, consiste en obtener una amplia victoria electoral que permita la mayoría necesaria en la Asamblea Nacional para iniciar a desatar el nudo que tan hábilmente ha logrado enredar el orteguismo.

Los acontecimientos del 10 de octubre del 2005 están lejos de ser la culminación de nada, son apenas el principio de una todavía complicada lucha que la democracia necesita librar para afianzar la libertad del pueblo nicaragüense. Las alegrías de ese día son una recompensa a los esfuerzos realizados y un indicativo claro de que sí se pueden alcanzar los objetivos necesarios para la transformación del país.

Que Dios toque los corazones de los políticos que pueden hacer los cambios necesarios para bien de este pueblo y que ilumine a la ciudadanía que con su decisión otorgan el apoyo a las personas que quieren contribuir de buena voluntad a hacer realidad estos cambios.

El autor es Master en Alta Gerencia, Mercadeo y Comercio Internacional.

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