- Las plagas arrasaron hasta el 90 por ciento de la producción
Wilder Pérez [email protected]
Los indígenas miskitos y mayangnas son las principales víctimas de las plagas de ratas y gusanos que afectan a los municipios de Waspam, Wiwilí y San José de Bocay.
Las comunidades indígenas están sufriendo hambre porque según los datos preliminares, en Waspam se perdió el 97 por ciento de los cultivos, en Wiwilí el 70 por ciento y en San José de Bocay el 90 por ciento.
El mayor problema está en que las plagas acabaron con los alimentos de los indígenas desde mediados de año, por lo que incluso, Waspam, que tiene casi un mes de estar siendo atendido, cayó nuevamente en la misma situación.
“En septiembre nos ayudaron el Gobierno y las Naciones Unidas y otras organizaciones llevaron alimentos, pero eso ya se acabó, hoy no hay comida”, aseguró Cornelio Tebas, alcalde de Waspam.
Según Tebas, las mujeres están alimentando a sus hijos con filipita, una planta local parecida al guineo cuadrado.
“Como no hay comida, lo que hace la gente es que van a la montaña a ver si encuentran filipita, la cuecen y se la dan a los niños”.
Pero la realidad en el setenta por ciento de las comunidades de Wiwilí es diferente.
El alcalde de este municipio, Erwin Roque, dijo que la situación ahí es más crítica porque la producción de café, que no fue dañada por las plagas, se está perdiendo porque los caminos se dañaron a causa de tantas lluvias, sin contar con un deslave en el cerro Kilambé que no fue atendido por las autoridades.
“EL SABOR DEL DESASTRE”
En medio de la incertidumbre acerca de cómo aparecieron tanta ratas de forma repentina en este año, resurgió una fuerte creencia indígena.
Según Joel Dixon, representante mayangna de San José de Bocay, los viejos indios creen que todo se debe a la fruta del carrizo.
Supuestamente, cuando el carrizo da frutas significa que viene un desastre.
“Puede ser un huracán, un deslave o lo que sea, esta vez fue una plaga”, dijo Dixon. “La fruta tiene un sabor como a jocote, es el sabor del desastre”, añadió.
Pero Martín Rosales, Director de Sanidad Vegetal del Ministerio Agropecuario y Forestal, indicó que es una plaga cíclica, aunque aceptó que nunca fue tan enorme.
Rosales coincidió con Víctor Campos, representante del Centro Humboldt, al indicar que el hombre con el trato que le da al bosque provoca este tipo de situaciones, ya que las ratas huyen y no hay depredadores que controlen su reproducción.
Campos añadió que se están buscando mejores métodos para coordinar la ayuda que necesita la zona.
Gerardo Gutiérrez, de Acción Médica Cristiana, comentó que la mejor solución está en el mediano y largo plazo.
Por lo pronto, Rosales dijo que las ratas se están eliminando en Waspam con raticidas y en la reserva de la biosfera Bosawás, se enviaron diez trampas para cien productores.
Aparte, una comisión busca soluciones entre los indígenas, que incluyen pociones con sapos y carrizo.
Los daños en Wiwilí y San José de Bocay todavía son estudiados y la zona sería declarada en desastre esta semana.