En la difícil tarea de educar a sus hijos, los padres deben saber que la mejor manera de fracasar en su misión es siendo un padre dictador, pues esta actitud no funciona sino para conseguir todo lo contrario a lo deseado.
“Un padre autoritario, rígido y con muchas reglas, tendrá el mismo resultado que un padre demasiado tolerante”, advierte la sicóloga María Auxiliadora Castro, quien explica que se trata de un fenómeno en que dos niños educados en estos polos opuestos, tendrán exactamente las mismas conductas. “Serán niños rebeldes, intranquilos, con conductas disociadas”, dice.
El sicólogo Alberto León agrega que el camino más fácil para aferrar a los jóvenes a un grupo de mala influencia es querer sacarlos de golpe de ese grupo y regañarlos, porque prohibirle algo a un joven, equivale a invitarlo a que lo haga.
Castro también recomienda controlar la ira porque un padre iracundo no abona a la solución de problemas, y mucho menos con adolescentes. Señala que muchos problemas se originan en la forma que tienen los padres de relacionarse con sus hijos, pues se les habla de mala manera, siempre exigiendo y ordenando.
Recomiendan la comunicación como herramienta fundamental; hacerlos sentir que son tomados en cuenta, hablarles de los peligros de conductas como tomar alcohol, fumar y trasnochar; de la exposición al peligro; aprender a negociar con los jóvenes pero, sobre todo, convencerlos de que están en el camino errado.