Douglas Carcache
Si las autoridades costarricenses quieren extender sus negocios de turismo a Nicaragua es innecesario que reclamen derechos que no tienen en el río San Juan porque, en vez de propiciar alianzas empresariales, están provocando un conflicto que no le conviene a ninguno de los países.
El embajador de San José en Managua, Rodrigo Carreras, dijo que su gobierno cree que tiene “el derecho de navegación con propósito de comercio” y “el comercio de Costa Rica incluye a los turistas”, sugiriendo que los ticos pueden explotar el turismo en el río San Juan, en territorio nicaragüense.
Está equivocado, porque el tratado (Jerez-Cañas) que les permitió navegar este río habla de “objetos de comercio”; y el turismo es más oferta de servicios (transporte, hospedaje) que intercambio de mercancías. Cuando una empresa transporta turistas, mueve clientes, no mercancías u objetos de comercio como sí sería un saco de café.
Si los turistas que llegan a Costa Rica quieren conocer sitios de Nicaragua, sea el río San Juan, el archipiélago de Solentiname o la ciudad de Granada, las empresas ticas pueden hacer convenios con las tour operadoras nicas para que éstas se encarguen de recibirlos y llevarlos a donde quieran.
Así sucede cuando los nicaragüenses van a los hoteles de playa de Guanacaste, en Costa Rica. Tras cruzar la frontera, se someten a las leyes ticas y usan los servicios de las empresas de ese país.
Está bien que Costa Rica quiera conectar sus negocios turísticos con Nicaragua, porque así sus visitantes se quedarían más tiempo en territorio tico; irían a tierras nicaragüenses y volverían a Liberia o San José, para tomar los vuelos hacia sus países.
Esto requiere que las empresas ticas y nicas hagan operaciones conjuntas, cada cual en su país; y si Nicaragua desarrolla sus servicios turísticos en el río San Juan, porque necesita hacerlo, los empresarios de las dos naciones ganarían al crecer los negocios.
Lo malo son las pretensiones de las autoridades costarricenses de conseguir derechos sobre un río que es del país vecino, porque esto es usurpación y no contribuye con el intercambio comercial o empresarial.
El turismo binacional es necesario para mejorar los negocios centroamericanos y por eso los países del CA-4 (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua) tomaron la iniciativa de la visa única, para que un turista entre por cualquiera de esas naciones y se pueda mover por las otras sin ningún requisito adicional.
Lo ilógico sería que una embarcación nicaragüense, cargada de turistas, vaya a las islas de Roatán sin los permisos exigidos por las autoridades de Honduras; o a las playas de El Salvador sin el consentimiento del Gobierno salvadoreño.
Algunas naciones cooperantes, entre ellas Japón, invertirán al menos 120 millones de dólares en la protección de las áreas naturales del río San Juan y en infraestructura vial en las zonas aledañas, tanto en Nicaragua como en Costa Rica. Los dos países ejecutarían juntos 29 proyectos para mejorar las condiciones sociales, económicas y ambientales de la frontera, pero eso en ningún momento significa quitarle a Nicaragua la soberanía sobre el río.