Un poblador de Tapachula, Chiapas, se moviliza en una de las zonas inundadas. (LA PRENSA/AFP-Alfredo Estrella)

Tapachula clama ayuda tras paso de huracán

AFP TAPACHULA, MÉXICO.- Desde el aire, Tapachula aparece rodeada de inmensos lagos de agua lodosa o de ríos que bajan sucios y desbocados, por allá donde hasta hace pocos días había puentes y carreteras que comunicaban a sus atemorizados habitantes con Guatemala y el resto de México. Fue una pesadilla que arrancó el martes por […]

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TAPACHULA, MÉXICO.- Desde el aire, Tapachula aparece rodeada de inmensos lagos de agua lodosa o de ríos que bajan sucios y desbocados, por allá donde hasta hace pocos días había puentes y carreteras que comunicaban a sus atemorizados habitantes con Guatemala y el resto de México.

Fue una pesadilla que arrancó el martes por la mañana, cuando el meteoro Stan llegó para quedarse tres eternos días sobre uno de los estados más pobres de México: Chiapas.

Sólo en esta demarcación se cobró la vida de 15 personas, y sumando el saldo que dejó en otros cuatro estados, la cifra totaliza 28 muertos en México.

Tapachula es una anónima ciudad fronteriza, y sus 300,000 habitantes, incomunicados durante cuatro días, estaban acostumbrados a recibir sólo migrantes y gente de paso, hasta que llegó Stan.

Llovió toda la noche, y a primera hora los ríos Ocate y Suchiate arrancaron de cuajo los puentes, desmoronaron las casas de las orillas, acabaron con sueños y pobres pertenencias.

“El río se llevó todas mis cosas, sólo tengo la ropa que llevo puesta encima, yo tenía una casa con dos camas, mi tanquecito de gas, mis 1,000 pesos (unos 90 dólares) ahorrados, y ahora ¿qué?”, solloza Isabel Hernandéz, de 75 años.

“Tres toneladas de ropa, cuatro toneladas de despensas y dos toneladas de agua, esto es parte de lo que está llegando”, enumeró el presidente Vicente Fox, a su llegada a la ciudad en un vuelo especial, secundado por dos aviones del Ejército del Aire.

A Tapachula sólo se podía llegar este sábado por vía aérea, aunque el Gobierno asegura que se logró aterrizar desde el viernes por la noche.

Tras días de angustia, la llegada de Fox y el Ejército fue recibida con una salva de aplausos por más de 900 refugiados en uno de los 13 albergues improvisados de la ciudad.

Luego llovieron las quejas, como llovió con ira sobre la ciudad durante días enteros.

En el ambiente del polideportivo donde duerme doña Isabel huele a humedad, a sudor, a desesperación. Las víctimas se apoderan de las mantas y de la comida que distribuyen los soldados.

“El río ya no era río, parecía un mar”, explica con los ojos abiertos Alfonso, de 8 años.

El desastre ocurrió a plena luz del día, lo que permitió a mucha gente escapar. Pero este sábado aún se contaban 13 desaparecidos, según el gobernador, Pablo Salazar.

“Yo quiero que busquen a mi hermano, Leonardo Maldonado, tiene 27 años, él vivía con nosotros, pero se fue a trabajar y ya no sé nada de él”, suplica María del Carmen. “Mi niña tragó agua con lodo, tengo miedo por ella”, explica gesticulando.

El gobierno federal adelantó una semana las tradicionales campañas de vacunación que regularmente hacen en todo el país.

“Llovió el doble que en 1998 y duró el triple de días”, resumió Leonardo Muñoz, subdirector de Protección Civil estatal, recordando las últimas grandes inundaciones que sufrió Chiapas.

Llovió, además, en todo el istmo de Tehuantepec y en América Central, donde las víctimas eran 276.

En Tapachula, 1,400 viviendas afectadas; 2,200 familias, calcula el alcalde Ángel Barrios.

“Queremos agua, comida, queremos que abran las bodegas donde tienen la ayuda, alguien está haciendo negocio, señor Presidente”, protesta un habitante de las 13 colonias inundadas.

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