Una campaña positiva

Roman, Times, serif»>
Una campaña positiva





La Alcaldía de Managua ha estado en la picota últimamente, primero por el abuso y la insensatez de usar el dinero de todos los ciudadanos capitalinos para erigir un monumento partidista de exaltación del crimen político; y además por el disparate de declarar “no grato” a un funcionario extranjero que se pronunció contra los caudillos corruptos de Nicaragua, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.

Sin embargo, de la misma manera que criticamos a la Alcaldía de Managua por sus actos indebidos, también debemos reconocer que hace cosas positivas, de verdadero interés público. Por ejemplo, hay que darle crédito porque está rellenando los huecos de las calles, al menos en las más transitadas. También esta Alcaldía ha realizado una obra pública de gran importancia, como es la represa de Tiscapa para evitar que siga cayendo mucha basura en la emblemática laguna de Managua . Y ahora la Alcaldía se ha involucrado en una campaña denominada “Yo amo a Managua”, con el fin de promover la protección del medio ambiente en el municipio capitalino.

En realidad, dicha campaña que “pretende sensibilizar a la población para que ésta no siga contaminando el medio ambiente y, de paso, tener opción a una ciudad más limpia” (LA PRENSA, viernes 7 de octubre, 2005), es una iniciativa del Marena por medio de una ONG llamada La Cuculmeca, que además de Managua involucra a comisiones ambientales municipales de Estelí, Carazo, Matagalpa, Jinotega y Nueva Segovia.

Para muchos ciudadanos la principal y más dañina contaminación que hay actualmente en Managua y en toda Nicaragua es la corrupción política y particularmente la judicial. Lo cual es cierto, sin duda, pero reconocer eso no significa que se deba menospreciar la contaminación ambiental. Por el contrario, la ciudadanía debe apoyar las autoridades municipales en este esfuerzo por reducir la contaminación ambiental que afecta a toda la población.

No es la primera vez que se monta una campaña de este tipo. La lucha contra la contaminación y el esfuerzo por crear una cultura de protección ambiental se viene haciendo desde hace años. Sin embargo el problema persiste y en algunos aspectos inclusive se ha agravado, sobre todo porque las campañas se quedan en mitad del camino. De manera que es necesario insistir no sólo en las acciones del gobierno central y las municipalidades, sino también en la educación ambientalista de la población .

En lo que respecta a la basura, se sabe que aunque hay deficiencias en su recolección sin embargo lo más grave es la desmedida cantidad de desechos que se producen, así como los depósitos de la que se logra recolectar. Es muy alto el costo ambiental que se paga por la excesiva y descontrolada producción de basura, la insuficiente recolección y su mal manejo. Y las consecuencias se manifiestan en la crónica insalubridad ambiental, las enfermedades que atacan masivamente, la contaminación de las aguas de superficie y subterráneas, las inundaciones en las zonas más vulnerables, etc.

Considerando todo esto cabe preguntarse: ¿por qué las autoridades municipales de Managua en vez de gastar el dinero de los contribuyentes en monumentos para exaltar el crimen como forma de lucha política, no lo invierten —por ejemplo— en el entubamiento de los cauces para que la gente no los siga usando como depósitos “naturales” de desechos de cualquier clase?

¿Por qué no unen sus esfuerzos las autoridades de la Alcaldía, Marena, Minsa, MECD, Sejuve, Policía y otras que tengan que ver con el asunto, y además se coordinan con la empresa privada para desarrollar campañas de limpieza física de la basura, pero también de educación para que la gente tenga más responsabilidad y consideración con ella misma, y que en vez de contribuir a ensuciar contribuya a limpiar su propio entorno?

¿En qué quedó y por qué no se cumplió la disposición de suprimir las bolsitas de plástico en las que se vende agua a transeúntes y conductores de vehículos, y las cuales son tiradas a la vía pública por los consumidores?

La basura es inevitable, sin duda, pero se puede y se debe reducir su producción, ponerla en su lugar, recogerla con diligencia y procesarla adecuadamente, para que no cause al ambiente y a la salud tanto daño como está causando hasta ahora.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí