Melisa

Luis Sánchez Sancho

Deméter, diosa de la agricultura y de los alimentos —es la Ceres de la mitología romana, de cuyo nombre se deriva el de cereales— encargó a la ninfa Elisa (miel, en griego) el cuidado de las abejas y de la producción de miel, que para los antiguos griegos era un alimento divino y vital.

Elisa suministró la miel al mismo Zeus cuando éste, siendo un bebé, fue llevado por su madre Rhea a la isla de Creta, donde lo ocultó para salvarlo de la ira mortal de su padre, Cronos (el Saturno de la mitología romana), que devoraba a sus hijos. En Creta, mientras la cabra divina Almatea daba su leche a Zeus, Melisa le proporcionaba la miel. Y así nació la leyenda de la leche y la miel como símbolos del bienestar y la prosperidad.

En otra versión del mito de Melisa, ella es una princesa cretense, hermana de Almatea, ambas hijas del rey Meliseo. Y cuando Rhea va a Creta para ocultar a Zeus recién nacido, pide a las jóvenes princesas que lo cuiden. Entonces Almatea se encarga de buscar y darle la leche, mientras que Melisa le provee la miel indispensable para su alimentación y crecimiento.

Pero el nombre de Melisa, además de miel y abeja también significa, en el lenguaje griego, canto, poesía y música. Por eso de ella se derivan las palabra melodía, melódico, melodioso, que están relacionadas con la composición y el sonido poético y musical.

Melisa fue consagrada como gran sacerdotisa del culto a Deméter, que se conocía como “los misterios de Eleusys” porque en la localidad de este nombre se encontraba el templo y el centro principal del culto a la gran diosa de la agricultura y la alimentación. Y a las sacerdotisas de Deméter se les llamaba melisas.

En el culto órfico (de Orfeo, el creador de la religión griega), se consideraba a la miel como símbolo de la sabiduría. Y en general todos los pueblos de la antigüedad creían que la miel tenía un origen divino y que era un don celestial. Por ejemplo, así lo creían los antiguos judíos y por eso en las Antiguas Escrituras se dice que los ríos que corrían en el Paraíso Terrenal eran de leche y miel. Y en la Iglesia cristiana primitiva los creyentes tomaban una mezcla de leche y miel porque creían que de esa manera renacían en Jesucristo.

Volviendo a los antiguos griegos, ellos acostumbraban celebrar durante las bodas un ritual que llamaban Apaulias. Esto significaba que el novio pasaba la noche anterior a la boda en casa del futuro suegro, donde comía miel a fin de tener energía suficiente para practicar el amor. Luego, la tercera noche después de consumado el matrimonio, la recién casada la pasaba en casa de sus padres, también comiendo miel para tener la vitalidad y la fecundidad que exige el matrimonio. Y durante las Apaulias los recién casados eran colmados de regalos por sus parientes y amistades.

Al parecer de las Apaulias se originó la celebración de la luna de miel, como se le llama a los primeros días de matrimonio que representan una situación especial para los contrayentes, un lapso durante el cual todo es dulzura. Y quienes tienen la posibilidad de hacerlo, pasan esos dulces días en un viaje de bodas.

La miel siempre ha formado parte de lo mejor de la vida de la gente. Por eso los grandes proyectos totalitarios ofrecen ríos de leche y miel a los pueblos para engañarlos, obtener su apoyo y después esclavizarlos. ¿Lo recuerdan?

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