Nuestro río

Edgardo Jiménez López Los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica están enfrascados en una lucha por el río San Juan. Lógicamente, de acuerdo a los tratados y laudos el río le pertenece a Nicaragua. Pero los costarricenses quieren navegar con sus lanchas armadas y Nicaragua exige que deben obtener un permiso para hacerlo. ¿Y qué […]

Edgardo Jiménez López

Los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica están enfrascados en una lucha por el río San Juan. Lógicamente, de acuerdo a los tratados y laudos el río le pertenece a Nicaragua. Pero los costarricenses quieren navegar con sus lanchas armadas y Nicaragua exige que deben obtener un permiso para hacerlo. ¿Y qué cuesta pedir un permiso? ¿Y qué cuesta concederlo humanitariamente, sobre todo en invierno cuando los caminos de penetración están intransitables?

Haciendo estas dos cosas, pedir y conceder, se acaba el problema. También, los ticos deben recordar que si hay una unión de Centroamérica el río ya no sería solo de Nicaragua, sino de los cinco países centroamericano. Y ellos siempre se han opuesto a esa unión. Si estoy equivocado, que alguien me corrija.

En una reflexión con un amigo, llegamos a la siguiente conclusión: uno escribe en los periódicos y habla en las radios, pero, aunque hay muchos que leen y escuchan pocos lo entienden, y éstos no tienen capacidad para cambiar las cosas, y a los que pueden cambiar las cosas no les interesan los problemas de la nación.

Una golondrina no hace verano. Esta golondrina vuela en el desierto, baja y descansa, pero retoma el vuelo y sigue, y de pronto encuentra otra golondrina y se alegra, porque sabe que la vegetación está cerca. Ahora son dos las que siguen y al poco tiempo encuentran otra, y otra, y otra, hasta que se hace un gran ejército de golondrinas que cubren el sol con sus alas y es hora de cambiar las cosas. Del desierto a la vegetación, llena de árboles y de agua donde calmar la sed. Sed de justicia, sed de comprensión, de amor, de inteligencia. Con estas cuatro reglas podemos cambiar muchas cosas.

Por eso yo, como golondrina solitaria, seguiré hablando y escribiendo hasta que encuentre otra, y otra y otra, hasta formar un ejército para hacer que las cosas mal hechas cambien por algo nuevo y provechoso para la nación.

Cartas al Director

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