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El nuevo escándalo judicial
Algunas personas consideran que los medios de comunicación social ya aburren con las denuncias, informaciones y comentarios sobre la corrupción, que además —dicen— no sirven para nada porque los corruptos siguen haciendo de las suyas, sin que les importe el rechazo de la opinión pública, ni siquiera las presiones de la comunidad internacional.
Sin embargo, es necesario seguir denunciando la corrupción, sobre todo la del Poder Judicial que por razones obvias es la más dañina de todas. Peor sería acostumbrarse a ella y dejar que los corruptos hagan lo que quieran sin siquiera exponerlos al desprecio público. “Lo más peligroso de la arbitrariedad y la corrupción es acostumbrarse a ellas”, decía el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, “porque entonces —agregaba— sería imposible ponerle fin algún día”.
De modo que aunque parezca que las denuncias de la corrupción son como prédica en el desierto, hay que seguir denunciándola con la confianza en que es posible derrotarla y que los nicaragüenses somos capaces de tener un Poder Judicial que honre a la República y motive el orgullo nacional.
Como se sabe, el escándalo del momento en el Poder Judicial es el de los 609 mil dólares que fueron decomisados a unos sospechosos de narcotráfico y estaban depositados en un banco, a cuenta de la Corte Suprema de Justicia, de la cual fueron retirados mediante un cheque firmado por el propio presidente del supremo tribunal. Las explicaciones que se han dado de este caso vergonzoso son inverosímiles, por decirlo de alguna manera: que no hay delito porque lo que se hizo fue devolver el dinero a sus verdaderos dueños; que el presidente de la Corte Suprema de Justicia, quien firmó el cheque para hacer el retiro de los 609 mil dólares, no sabía lo que estaba firmando; que de acuerdo con la ley los mismos magistrados involucrados en el escándalo se deben investigar a sí mismos, etc.
Lo cierto es que este nuevo escándalo de corrupción en el Poder Judicial confirma que ésta es la institución más desprestigiada de Nicaragua. Y demuestra que tienen razón los estudios sobre clima de negocios, los cuales indican que Nicaragua es uno de los países menos indicados en todo el mundo para arriesgar inversiones, por el profundo grado de corrupción de su administración de justicia.
Cuando el ex presidente Arnoldo Alemán fue acusado por los graves delitos de corrupción conocidos como “la huaca” y se conocieron los detalles de aquella gigantesca defraudación al Estado que se hizo al amparo del poder, los analistas dijeron que eso sólo podía ser obra de una mente extraordinariamente brillante y maléfica.
Pero lo más sofisticado y malévolo no ha sido el gigantesco robo del dinero público, sino el secuestro y la apropiación de las mismas instituciones, particularmente del Poder Judicial, por parte de los pactistas que las han puesto a su disposición personal y partidista, para legitimar la corrupción y proteger a los corruptos, es decir a ellos mismos y sus secuaces.
Fue tan escandalosa la apropiación partidista de la administración de justicia, que algunos de los magistrados nombrados por los pactistas perdieron todo sentido de decoro y proclamaron descaradamente que llegaban a la Corte expresamente para servir a sus partidos y sus caudillos. Otros se enfundaron en camisetas con los colores partidistas para participar, entarimados, en las manifestaciones políticas. Y todos ellos hasta dictaron con carácter de norma legal una disposición que creó institucionalmente las bancadas del FSLN y el PLC en la Corte Suprema de Justicia.
De manera que de una “administración de justicia” como esta no podían esperarse sino vergonzosos escándalos como el de los 609 mil dólares, cuya devolución a los sospechosos de narcotráfico lo menos que hace suponer es un reparto del botín.
Pero la costumbre del delito no legitima al delincuente. Y en lo que a nosotros respecta, además de que seguiremos denunciando la corrupción también demandamos a los políticos que están prometiendo un cambio fundamental en el sistema de gobierno del país si ganan las elecciones del próximo año, que se comprometan desde ahora a que van a sanear la administración de justicia; y que, por lo tanto, barrerán toda la basura de venalidad y corrupción que se ha acumulado en el Poder Judicial y otras instituciones del Estado.