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Cuando uno oye hablar del crecimiento de los ingresos por turismo en Nicaragua, puede suponer que existe una maquinaria estatal afinada que va empujando ese sector económico con firmeza, pero de pronto el Presidente de la República dice que hace falta una política de Estado para propulsar el turismo.
¿Es que no había una política estatal?, se preguntará asombrado el ciudadano que ha escuchado a uno u otro ministro sobre las mejoras de la economía nicaragüense, cuyo principal aporte viene del turismo, un rubro sólo superado por las remesas familiares de los nicaragüenses en el exterior.
El presidente Enrique Bolaños sugirió la semana pasada crear “una política que vaya más allá de una simple política ministerial… Pues, el turismo no es un sector aislado”.
Es razonable, porque algunos esfuerzos del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur) por atraer más visitantes extranjeros, son bloqueados por las acciones de otras instituciones del mismo Estado o de las municipalidades.
Me pregunto, por ejemplo, ¿qué pensaría un turista si va en un automóvil rentado y un busero de Managua lo embiste y después éste no cubre los daños causados, porque el busero no porta el seguro obligatorio contra daños a terceros?
El turista se preguntaría dónde está la autoridad y con razón, porque quien permite que los transportistas hagan lo que les da la gana con esa norma es la Policía Nacional. Además, el Ministerio de Gobernación debería de pedir cuentas a la Policía por esas actitudes negligentes que muestran a Nicaragua como un país sin ley.
También es contradictorio que Intur promueva ciertas rutas y que al transitar por ellas los turistas, extranjeros o nacionales, sufran los contratiempos de una carretera mala, quizás porque el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI) ha sido poco eficiente o ha dado preferencia a otras zonas, con un criterio más particular.
Veamos dos casos: las carreteras entre Sébaco y Jinotega, y de Chinandega a El Guasaule, deterioradas desde hace rato. La primera conduce a una de las zonas altas y boscosas con más potencial para el turismo rural, y la segunda es la entrada de los turistas de Honduras, El Salvador y Guatemala que vienen a conocer la ciudad colonial de León, los volcanes y playas del occidente nicaragüense.
El turismo, que ha superado al café como fuente de ingresos para Nicaragua, crece de forma sostenida porque este año la entrada de turistas ha sido 21 por ciento superior al año pasado y el país captará durante el 2005 unos 30 millones de dólares más con relación al 2004.
Si Nicaragua recibe 700 millones de dólares anuales por sus exportaciones, significa que el turismo significará más del 28 por ciento de ese flujo comercial, este año.
El dilema es que si los turistas gastan en Nicaragua un promedio de 75 dólares y el propósito es que gasten más, hace falta diversificar la oferta. Pero esto requiere más inversión en infraestructura en zonas alejadas, en las reservas naturales, lo que me parece difícil en un país sacudido cada día por conflictos políticos, donde los poderes del Estado se confrontan en vez de aliarse por el progreso nacional.