Cultura de no negociación

Jorge Navas

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Cultura de no negociación


Jorge Navas




El miércoles 7 de septiembre aparecieron dos titulares en LA PRENSA que reflejan la cultura política del todo o nada prevaleciente en el país y que está tras las sucesivas escaladas de la crisis que vive Nicaragua de forma ininterrumpida desde hace ya buen tiempo.

El primer titular —referido al enfrentamiento entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo— rezaba: “Desafuero inminente” y evocaba inmediatamente el sentido de una catástrofe. En su contenido, la noticia informaba que para el Gobierno Central: “La primera desaforación que se dé, sean ministros, sea el Presidente de la República, va a ser considerado un golpe de Estado… inmediatamente anunciaríamos las medidas que se estarían tomando”. Se insinuaba entonces la declaración de un Estado de Emergencia y la imaginación galopaba libremente pensando qué medidas se tomarían por cada una de las partes, a ninguna de las cuales pareciera importarle los efectos que toda esta situación de crisis está teniendo en el país y en nuestro proceso democrático.

La segunda noticia —esta vez en el ámbito deportivo— se encabezaba así: “Victoria nica con sabor a derrota”, y se refería a un juego de beisbol en el que la opinión mayoritaria prácticamente exigía que se apabullara al adversario deportivo, para que se pudiera estar “hinchado de orgullo”, como expresaba la nota en su contenido.

Ambas notas informativas expresaban una mentalidad en la que prevalecía la posición de fuerza, en la que se imponía sólo la opción de ganar, considerando incluso que cualquier situación que no permitiera un triunfo claro, contundente y arrollador, sería sinónimo de derrota, tendría ese sabor para sus protagonistas.

Si para la democracia toda persona es igual y tiene los mismos derechos, es válido entonces considerar que cada quien tiene parte de la razón, por lo que la lógica de negociar sólo para ganar pareciera por definición antidemocrática. En el caso de los poderes Ejecutivo y Legislativo, no deben olvidar que ellos fueron electos por el pueblo —en quien reside la soberanía nacional y, aunque designa quienes le gobiernen, nunca cede ese derecho irrenunciable— y que tienen la obligación de consultarle al pueblo sobre sus decisiones. En ambos casos se ha obviado la consulta a la población —bien sea para el DR-Cafta, bien sea para una reforma a la Constitución— y pareciera que se quiere seguir obviando los efectos negativos que la crisis del país ocasiona en el pueblo que les eligió. Su lógica pareciera indicar que les importa más la tercia que tienen y que cualquier arreglo en el que su imagen no sea la de un claro y absoluto vencedor, no les interesa.

En el caso del artículo deportivo, la crónica muestra nuevamente que se prefiere un enfoque que refuerce una cultura impositiva, en vez de uno que reconozca que no hay enemigo pequeño y que no debe subestimarse a ningún adversario.

Los profesionales de la información, así como los medios de comunicación, mantienen el desafío de cumplir no sólo con su función informativa, sino también con su función educadora, con lo que debe llamarse la atención sobre las visiones y mensajes que nuestro país necesita para superar definitivamente la crisis. Esa responsabilidad no puede seguir siendo evadida bajo ningún pretexto.

El autor es coordinador del Proyecto Monitoreo de la Democracia (IPADE).

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