Roman, Times, serif»>
El día del turismo
Ayer se celebró el Día Mundial del Turismo, el cual fue establecido hace 26 años, o sea en 1979, en la localidad andaluza de Torremolinos, España, por la Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo (OMT).
El Día Mundial del Turismo fue instituido en esta fecha por la OMT, para conmemorar el aniversario de la adopción de sus Estatutos, el 27 de septiembre de 1970, y además porque esta fecha “corresponde al final de la alta temporada turística del hemisferio norte y al comienzo de esa temporada en el hemisferio sur, cuando el turismo es tema de actualidad para cientos de miles de personas de todo el mundo pertenecientes a todos los sectores de la sociedad, para los turistas y, en particular, para el sector operacional”, según se dice en una publicación oficial de dicho organismo.
En Nicaragua, las autoridades del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC) han aprovechado la ocasión para realizar diversas actividades promocionales y ofrecer a la ciudadanía amplia información sobre el tema. Cabe destacar al respecto la excelente iniciativa de llevar esta celebración directamente a la población, en este caso a Ticuantepe, pero no sólo para hacer de esta pintoresca localidad cercana a Managua el escenario físico de la festividad, sino para motivar a la gente a participar interactivamente en el acontecimiento: limpiando las calles, pintando las casas, atendiendo a los visitantes con su característica hospitalidad y ofreciéndoles sus atractivos turísticos naturales lo mismo que sus creaciones de artesanía y los servicios de bar y restaurante apropiados.
El turismo, lo hemos dicho varias veces en esta columna editorial, es un filón de riqueza que siempre ha dado buenos frutos pero cuyo enorme potencial todavía está por explotar. En la época de los TLC, para un país rezagado del desarrollo como es Nicaragua el turismo representa una gran oportunidad de integrarse a la corriente del progreso mundial, y ante todo para salir de la pobreza. En materia de oferta turística Nicaragua tiene una gran riqueza natural, escénica, histórica y cultural, que además de peculiar es atractiva y podría y debería ser explotada en beneficio del desarrollo nacional y el progreso de los nicaragüenses.
Al respecto las autoridades del Intur informaron que este año han ingresado al país más de 400 mil visitantes. Agregaron que la meta es de 635 mil —22 mil más que el año pasado— pero que esperan superarla, dado el buen ritmo de crecimiento que se viene experimentando. En lo que se refiere a ingresos por turismo informaron que se espera obtener unos 200 millones de dólares, o sea 30 millones de dólares más que en el 2004 cuando el ingreso del país por turismo fue de 170 millones de dólares. Y anunciaron que la meta para el año 2007 “es captar 346 millones de dólares con la llegada de 770 mil turistas” (LA PRENSA, Negocios & Economía, página 10 A, martes 27 de septiembre, 2005).
Estos registros son buenos, sin duda, pero serían mucho mejores si las demás autoridades gubernamentales del país apoyaran los esfuerzos que hacen el Intur y las empresas turísticas de todos los tamaños que operan en el país. Pero lamentablemente algunas autoridades gubernamentales en vez de apoyar el desarrollo del turismo lo que hacen es dictar y ejecutar medidas para perjudicarlo.
Tal es el caso de la Asamblea Nacional, que recientemente suprimió las exenciones fiscales que contenía la Ley de Incentivos para la Industria Turística, y que además se niega a aprobar la Ley de Creación de los Bonos de Inversión Turística. En realidad, a excepción de unos cuantos diputados que forman parte de la Comisión de Turismo de la Asamblea Nacional, los demás parlamentarios de las diferentes bancadas son ignorantes de la materia turística, o no les importa el país ni les interesa que ese rubro se fortaleza para a su vez impulsar el desarrollo nacional.
La eliminación de las exoneraciones de incentivo a la industria turística ha sido perjudicial para la nación. Al aumentar las cargas impositivas sobre esta industria que es la de mayor potencial de desarrollo en el país, desaparecen las ventajas competitivas de Nicaragua en el ramo, no crece como es necesario y posible la oferta y la demanda de turismo y se desperdicia la posibilidad de prosperidad que anhela la población.