Guillermo Rothschuh [email protected]
La Ley de Acceso a la Información Pública se ha convertido en una cuestión de Estado. En verdad, por su alcance y contenido ésta es su verdadera naturaleza. Se trata de romper viejas prácticas políticas arraigadas en el secretismo y la discrecionalidad a ultranza para pasar a una nueva cultura basada en la transparencia y la apertura; evitar la petulancia fundamentada en la arbitrariedad y el capricho de los funcionarios públicos, entes autónomos y descentralizados; sociedades mixtas y subvencionadas y promover un comportamiento inspirado en la ley, base de todo Estado de Derecho. Introducir nuevas actitudes y comprender que la información pública debe ser vista como algo propio y no de uso exclusivo de los funcionarios públicos.
La sanción en Nicaragua de la Ley de Acceso a la Información ha llevado más tiempo del necesario. Los distintos esfuerzos realizados todavía no fructifican pese al compromiso asumido por ciertos legisladores de que su aprobación ocurriría en el 2004. Esta reticencia tiene varias explicaciones. Tal vez la más importante es que los periodistas nicaragüenses no han asumido con energía y beligerancia la importancia que tiene esta ley para el propio desarrollo de la comunicación en el país. Fuera de algunas excepciones, los periodistas han estado al margen de su discusión y su promulgación no ha sido incorporada como parte de su agenda cotidiana.
No se ha comprendido lo suficiente que la Ley de Acceso a la Información está vinculada directamente con el periodismo investigativo, un periodismo que ausculta y pulsa a fondo temas hasta ahora ausentes de sus preocupaciones diarias. Su aprobación abre nuevas posibilidades para el periodismo nacional, como ha ocurrido en otros países del continente. Su carencia vuelve incompleto el contenido de los Artículos 66 y 76 de la Constitución Política de Nicaragua. Para que exista una auténtica libertad de prensa se necesita que el derecho a buscar información esté aprobado expresamente por una ley y despojar a los funcionarios de la arrogancia de administrar como suyo algo que pertenece a la ciudadanía. Los nicaragüenses hasta ahora sólo hemos tenido derecho a informar y ser informados. Hace falta el derecho a investigar, buscar y conocer información sensible en manos del Estado.
Tampoco debemos hacernos ilusiones. La sanción de la ley siendo necesaria no basta. El caso de México, con una legislación de avanzada, es paradigmático. El presidente Vicente Fox lo reconoció en junio pasado al conmemorarse un año más de la aprobación de la ley. Con realismo señaló que todavía existían funcionarios que administraban sus instituciones como si se tratase de verdaderos feudos. Eso es lo que hay que evitar y en esos términos debe expresarse el anteproyecto nicaragüense. Tomará tiempo para que los funcionarios entiendan que la información en su poder es una información a la que debe tener acceso la ciudadanía salvo por razones de confidencialidad o reserva. Se tiene que ser cauto y receloso. Las excepciones deben ser la regla y no lo contrario.
Una de las críticas más justas a lo largo y ancho de América Latina ha sido la ausencia de las universidades en la participación de esta iniciativa. Su involucramiento ha sido nulo. El liderazgo asumido por la UCA con la celebración de seis talleres, dos en la UCA, uno en la Universidad de Ciencias Comerciales, uno en la UD-León y otro en Bluefields durante los meses de septiembre a noviembre, la colocan a la vanguardia y ratifica el interés de sus estudiantes de conocer y de apropiarse de los alcances del anteproyecto de ley. El evento tiene además una visión centroamericanista. Participan estudiantes de las universidades Rafael Landivar y San Carlos de Guatemala y José Simeón Cañas de El Salvador.
La presencia de expertos de la Presidencia de la República y la Asamblea Nacional abre una nueva expectativa. Tal vez en esta ocasión asuman mayores compromisos y promuevan la aprobación de una ley impostergable para la vida democrática del país. Hay que prevenir el error de incorporar el desacato, (Arto. 31, Pre-dictamen 21 septiembre 05) una figura odiosa a la que se opone y contra la que lucha a pecho abierto el periodismo latinoamericano.
Los talleres organizados por la Facultad de Ciencias de la Comunicación durante la Tercera Jornada de Jóvenes Comunicadores ratifican el compromiso de la UCA de estar presente en todos aquellos eventos que impacten en el ejercicio del periodismo nicaragüense, un logro que esperamos fructifique y señale nuevos derroteros a los comunicadores nacionales. El aliento brindado por los estudiantes, coloca a la UCA en este 45 aniversario, en una posición cimera que debe mantenerse y multiplicarse por el bien de Nicaragua.
El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA.